La Prelatura de Lábrea celebra la XIII Asamblea

Del 25 al 29 de enero se celebró en Pauiní, Amazonas la XIII Asamblea de la Prelatura de Lábrea, cuya preparación es complicada por los viajes, número de asistentes y su acogida, ambientación, presencia de asesores, documentación que analizar y organización del evento en todos los aspectos.
noticias | 07 feb 2019

La XII Asamblea tuvo lugar en 2016 en Canutama, Amazonas. En esta se anunció la fecha y sede de la presente, que desde aquel momento comenzó a prepararse, aunque los preparativos se intensificaran conforme llegaba la fecha de inicio.

El día 20 de enero salía el barco de Tapauá, Amazonas, que está ubicada en el extremo oriental de la Prelatura, con los asistentes de allí en la Asamblea. En el trayecto fue recogiendo “ribeirinhos” y participantes de aldeas, comunidades y ciudades. Más de cien personas en el barco celebrando, rezando y ultimando la Asamblea. Entre tanto en Pauiní procuraban tener todo a punto.

La llegada fue sobre las 10 de la mañana del día 25: la comunidad de Pauiní esperaba a la vera del río. Desembarco, acogida en la plaza y distribución de los viajeros entre las familias que acogieron a los que llegaban de fuera. Por la noche fue la misa de apertura presidida por el obispo prelado monseñor Santiago Sánchez Sebastián, con el que concelebró todo el clero secular y religioso, y a la que asistieron todos los asambleístas y muchos fieles de la ciudad. El obispo presentó en la homilía un pequeño balance desde la asamblea anterior y comunicó las esperanzas que abrigaba en esta XIII Asamblea. A continuación todos los asambleístas compartieron fraternalmente una cena sencilla.

Los trabajos en serio comenzaron la mañana del día 26 con un tiempo dedicado a la oración y la vida espiritual. Casi todo el día estuvo dedicado a la preparación del sínodo sobre la Amazonia: formación con la hermana Ivanilde, una experta que trabaja en la comisión para el sínodo y que viajó desde Belem do Pará. Por otra parte, se recogieron las sugerencias, reflexiones y propuestas de las parroquias y comunidades, y se elaboró la aportación como Prelatura.

El día 27 se hizo un repaso de las prioridades del trienio: Santas Misiones Populares e Iniciación a la Vida Cristiana. Margarida, que llegó de la ciudad de Ji Paraná, fue la asesora en el segundo de estos dos temas.

El día 28, en un primer momento hubo reunión especial por grupos, entre estos el del obispo con el clero, para marcar las prioridades para el trienio que comienza; después, en la segunda parte de la mañana se informó del trabajo con los indígenas, de los que viven a la orilla del río (ribeirinhos) y los que viven en el interior lejos del río y la carretera (ramales).

El día 29 fue de recapitulación: análisis de la estructura de la Prelatura, tanto de la pastoral como de las comisiones, servicios, movimientos y ministerios… Se marcaron las prioridades y se decidió continuar con las que había, para completar lo que falta de hacer, a pesar de lo mucho que se ha avanzado, y hacerlo desde una mirada más amazónica, según las orientaciones que el Sínodo va a marcar.

Se terminó con la despedida del orientador general de pastoral de la Prelatura, Orly Coco, que concluyó su función, y las palabras de cierre con algunas puntualizaciones por parte del obispo.

Tanto la acogida como los aspectos lúdicos y la Liturgia estuvieron detalladamente preparados por el equipo de trabajo de Pauiní. Todo transcurrió en clima fraterno. El padre Adriano de Vitória, Espíritu Santo condujo las sesiones. María Amelia, también de Vitoria, ayudó en la secretaría, y de esta misma ciudad, como Iglesia Hermana de la Prelatura de Lábrea, estuvo como observador el señor Alcántara. Todos los demás participantes eran de la Prelatura, por lo que hay que constatar que, gracias a Dios, el trabajo con los laicos está dando fruto y que hay líderes bien preparados.

Si la acogida fue calurosa, el cierre lo fue más. Al anochecer del último día se organizó una confraternización de los asambleístas y las familias que los acogieron; luego, un acto cultural en el que se presentó a los equipos de trabajo y a las familias que acogieron; hubo homenajes, reconocimientos, danzas de todo tipo, entrega de recuerdos…  y, bien entrada la noche, los asambleístas de fuera se dirigieron al barco y a media noche en punto entre cohetes y fuegos, con muchos fieles en la orilla, volvían a sus lugares de origen con el sentimiento de ser discípulos y misioneros enviados por la Comunidad-Prelatura.

El retorno fue más rápido, y el día 1 de febrero, los de Tapauá, primeros en salir y últimos en llegar, ya pudieron desayunar en sus casas. La Asamblea fue un momento histórico que, según monseñor Santiago, hay que “agradecer a Dios, sembrar las semillas que en ella recogimos y pedir al Dueño que las haga fructificar”.

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