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Filipinas 400. Albañiles en la Iglesia de Dios (segunda parte)
La iglesia: significado e importancia
La iglesia no es sólo el centro religioso del pueblo. Durante siglos ha sido "el centro", sin más, como lo sigue siendo sobre el mapa, en el callejero. Desde ella se ha llevado a cabo la labor civilizadora y educadora de la Iglesia. Lo decía muy bien el agustino recoleto Pío Mareca:
"Todo lo bueno que ha hecho la religión, y eso que ha hecho mucho, lo ha realizado desde los templos. Si ha dispensado grandes beneficios a la humanidad; si ha ilustrado los entendimientos y la ennoblecido los corazones de los individuos, si ha creado la familia, dándole la unidad, indisolubilidad y santidad, que son sus constitutivos; si ha civilizado la sociedad; si ha transformado completamente el mundo, todo lo ha hecho la religión desde los templos".(1)
El padre Pío fue, en la segunda mitad del siglo XIX, el formador más prestigioso e influyente de los misioneros filipinos, y éstos, sin duda, estaban imbuidos de sus ideas e ideales.
Desde esta idea base hay que entender el afán de los religiosos por construir templos. Afán que existe en todo momento, pero es especialmente llamativo en la segunda mitad del siglo XIX.
"En 1895 se estaban construyendo de nueva planta los templos de La Carlota, Bago, Minulúan, Silay, Guindulman, García Hernández, Alburquerque, Panglao, Sevilla, Cortes, Antequera, Tubigon y Calape, además del acopio de materiales que, por esas fechas, estaban llevando a cabo diversos párrocos en vista a nuevas edificaciones".(2)
Bien entendidas sus afirmaciones, lleva razón la especialista filipina Alicia M. Coseteng en su clásica obra sobre el tema:
"So single-minded were the religious in their compulsion to construct bigger and better churches and conventos in stone and brick and mortar that it was not unusual for curates to “spend all their money on public works and on their churches. They rivalled one another, each striving to have in his own village the richest altars, the best houses…” (Blair & Robertson, 28: 252). So much so, that the friar’s success as a missionary came to be mensured not only by the number of souls under his administration or the amount of tributes he collected, but more conclusively, by the impressive reality of his church, the elegance of his residence, and even by the height of his belfry and the number of bells in it". (3)

En el claustro del noviciado de Monteagudo, esta escultura de Coomonte recuerda la unión entre la historia de la Provincia de San Nicolás y la historia de Filipinas.
Las iglesias monumentales que hoy admiramos son el resultado de tres factores que se entrecruzan: uno económico, el progreso; otro social, que es la cohesión entre la gente; y un tercero, que es el espiritual, la fe vivamente sentida y vivida. Un templo de piedra cuesta mucho dinero y trabajo. No se lo puede permitir una sociedad pobre en recursos materiales. Como tampoco lo puede conseguir una sociedad egoísta, en la que cada quien mire sólo por lo suyo; ni, por descontado, una sociedad descreída, para la que nada signifique la religión.
Esto lo vio y apreció, entre otros viajeros, un español seglar que, a finales del siglo XIX, anduvo por Filipinas. Recuerda la impresión que le produjo su llegada a Negros, cuando esta isla estaba en su época dorada:
"Al atravesar el canal que separa a Iloilo de Negros se destacan desde la toldilla del buque, hace algunos años, los templos de Bacolod, Minuluan, Silay, Valladolid, Ginigaran y Pontevedra; penetrando en la isla, admírase en una torre, soberbio reloj, iglesias en edificación, obras que han de dar renombre a sus autores, amplio convento bien hecho en sus detalles y conjunto, trabajos en cementerios…". (4)
Enseguida descubrió los mecanismos que estaban obrando tales maravillas; básicamente, la solidaridad, fruto de la fe personal y del celo del pastor:
"…el peninsular y el insular unidos correspondiendo al desinterés y patriotismo del P. Recoleto, le ayudan en sus trabajos; pueblos insignificantes, pueblos de poco numerosa tributación, hacen gala y ostentación de iglesias fabricadas y construidas de materiales fuertes, y en días solemnes adornan el culto, le realzan y le llena de esplendor con imágenes y objetos traídos expresamente de Europa.
Un día, una cuestación promovida, produce cientos de pesos; otro, en bautizo solemne regalan el hierro para el tejado de la parroquia; más tarde ofrecen y cumplen espléndidamente la renovación de un campanario, cinco arañas de cristal y bronce iluminan profusamente un ábside; la nipa desaparece reemplazándola la piedra y el hierro, vense iglesias de crucero; localidades de corto número de habitantes secundan la voz del Padre". (5)
Notas
(1) Cf. Redacción, Un sermón del P. Pío Mareca, en BPSN 90 (2000) 329.
(2) Sáenz, p. 9.
(3) Alicia M. Coseteng, Spanish Churches in the Philippines, Quezon City 1972, 10.
(4) Robustiano Echauz, Apuntes de la Isla de Negros, Manila 1894.
(5) Ib. |
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