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Formación permanente: en camino para afrontar sin miedo los retos de hoy
Junio 2006
La vida nueva
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“Unas veces se nos exigirá bajar del monte al valle para ganar allí mediante las fatigas de la caridad el descanso de la contemplación”: niños de la zona rural en la Misión de Lábrea (Amazonas, Brasil).

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“Otras se nos pedirá volver a la soledad para velar con el Señor en lugares apartados”: claustro del convento noviciado de Monteagudo (Navarra, España).
El santo Padre Benedicto XVI , en su reciente discurso del 22 de mayo a los superiores generales de los institutos religiosos, acaba de recordar a todos los religiosos que estamos llamados a vivir “con un espíritu más evangélico, más eclesial y más apostólico” para “ser testigos de la transfigurante presencia de Dios en un mundo cada vez más desorientado y confundido”. Sólo así nuestra vida será “sacrificio de suave fragancia” y “testimonio de la grandeza de la presencia de Dios en nuestro tiempo, que tanta necesidad tiene de quedar ebrio de la riqueza de su gracia”.

La fidelidad a nuestra vocación nos impone vivir con generosidad y radicalidad nuestra entrega a Dios, manifestada en una consagración vivida en comunidad y dedicada al servicio de los hombres para hacerles partícipes de los valores del evangelio. El Capítulo cree que este servicio exige de nosotros una gran capacidad de escucha a la voz del Espíritu y una constante apertura a los signos de los tiempos. Sólo así estaremos preparados para responder a las expectativas del momento. Unas veces se nos exigirá bajar del monte al valle para ganar allí, a través de las fatigas de la caridad, el descanso de la contemplación, según la conocida increpación de Agustín a san Pedro (7), o recorrer los caminos del mundo para implantar en él el Reino de Dios, como prefiere expresarse Juan Pablo II (8); otras, se nos pedirá volver a la soledad para velar con el Señor en lugares apartados (cf. Mc 1,45).
Para saber más
—Texto íntegro del discurso de Benedixto XVI a los superiores generales de los institutos religiosos (Roma, 22 de mayo de 2006).

Notas
(7) San Agustín, Sermón 78.
(8) Cf. VC 75.