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Una luz en lo alto

Muy pronto, a pesar de su situación periférica, las cartas pastorales del obispo de Pasto iban a resonar con fuerza en todo el país y aun fuera de él. Se erguirá como el debelador de los excesos del liberalismo. Sus orientaciones van a ser faro de conducta de gran parte del catolicismo colombiano. Más allá de las reflexiones teóricas, él ve que los liberales –y su sistema doctrinal- van minando los valores más sagrados, que conducen en quienes los siguen a la indiferencia y al sectarismo antirreligioso. Se burlan de la doctrina cristiana, la ridiculizan. Todo eso conmueve el alma ardorosa del padre Ezequiel.

Abril de 1898. En compañía de monseñor Pedro Schumacher y la comunidad de capuchinos de Pasto, el día en que se inauguraba la iglesia de éstos.

 
Se daba la circunstancia de que el límite sur de la diócesis coincidía unos 600 kilómetros con la frontera de la república del Ecuador, donde la Iglesia sufría violenta persecución religiosa del gobierno liberal del general Eloy Alfaro, quien desencadenó una sistemática persecución contra la Iglesia: supresión de diócesis y conventos, destierro de obispos y religiosos extranjeros, asesinato de algunos sacerdotes y acoso sistemático por medio de la prensa y de las leyes. Entre ambas partes de la frontera había una comunicación constante, favorecida por la tradición y la identidad de lengua y cultura. De Ecuador llegaba ayuda a los revolucionarios liberales de Colombia, de Ecuador llegan armas y pertrechos para las tropas liberales, de Ecuador llegan libros y panfletos irreligiosos, de Ecuador llegarán religiosos y hasta obispos perseguidos por el furor antieclesiástico del gobierno. Acoge a monseñor Schumacher, expulsado de su diócesis de Portoviejo, y lo defenderá como a hermano querido; acoge a los capuchinos perseguidos, a los que encomendará muchas de las misiones apostólicas más exigentes; protege y ayuda a la hoy beata madre Caridad Brader.

Desde el primer momento, el padre Ezequiel desvela en sus escritos y en su predicación las insidias de quienes bajo el disfraz de la libertad del hombre quieren barrer toda piedad. Afirma con fuerza la excelencia de la fe cristiana y los beneficios inmensos que ésta trae a los hombres y a los pueblos. Los liberales se dan cuenta del peligro que para sus tácticas constituye un obispo que habla con osadía y sin prudencias políticas. Para ellos será el blanco de todas las diatribas y persecuciones. Los liberales comprendieron en seguida que era urgente desprestigiar al obispo de Pasto.

—Ahora toda la saña de esos periódicos es contra mí. Me han puesto y me ponen de vuelta y media. Números enteros no contienen otra cosa que insultos contra mí. ¡Bendito sea Dios!.

Por el contrario, los fieles de la diócesis y otros muchos cristianos prestaron al padre Ezequiel adhesiones entusiastas. Entre éstas, una de las más significativas fue la del propio arzobispo ecuatoriano de Quito, que se atrevió a publicar la primera de las pastorales aludidas en su Boletín oficial. En cuanto a los obispos colombianos, muchos pensaban como el obispo de Pasto, y la mayoría le apoyó siempre públicamente. Pero ninguno hasta entonces había denunciado las persecuciones antirreligiosas de los liberales con la claridad y la fuerza con que él lo hacía.

Muy largas e insidiosas fueron las persecuciones que tuvo que sufrir. Pero lo más doloroso fue sufrir la incomprensión y aun la persecución de algún obispo y las advertencias que llegaron de Roma. Para quien la sumisión a la voz de la Iglesia era uno de sus principios básicos de vida espiritual, constituyó una tortura íntima, la más lacerante.



> Conflicto del Colegio de Tulcán




Índice

Introducción

La forja de un santo

El desafío de Oriente: Filipinas

Forjador de misioneros

En un mundo nuevo

"Una sola alma vale más que la vida del hombre"

Pasto: una década de plenitud

Una luz en lo alto

Conflicto del Colegio de Tulcán

Un pacifismo claudicante

Una concordia desconcertante

Una mirada al interior

Enfermedad y muerte