Día
4 de diciembre: segundo domingo de Adviento
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En el almuerzo en el poblado de Kayonkro.
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He ido con Luis y con la vieja moto Honda a celebrar misa a Kayonkro. Nos hemos metido un tortazo morrocotudo y me han caído la moto y Luis encima de la rodilla. Esto aumenta mi amor por este medio de transporte hasta el infinito. La verdad es que no se cómo se nos ocurrió venir en moto y no con el Land Rover. Pero es que no hay vehículos suficientes para atender las aldeas.
Les he preguntado en la misa qué podíamos hacer para "preparar el camino", como nos invita en el evangelio San Juan Bautista. Sus respuestas me impresionan cada día más.
— Debemos limpiar el corazón.
— ¿Y qué significa limpiar?, pregunto yo.
— Lo que hizo usted con el suyo -me contesta la misma persona-. No dejó que el odio creciese y volvió a nuestro país.
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Comiendo en Kayonkro.
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¿Os imagináis qué cara se le queda a uno? Y siguen diciendo: "compartiendo nuestro arroz con el vecino", "visitando a los enfermos", "cuidando de nuestros hijos para que no se enfermen", "viniendo a la iglesia a dar gracias a Dios"... ¿Gracias? Cuando yo no veo demasiados motivos para que le den gracias, ellos los encuentran a montones.
El caso es que me han hecho olvidar el mal humor que se me quedó con el accidente, y me he propuesto pensar seriamente en las veces que he callado esa simple y hermosa palabra: "gracias". Y como propósito de Adviento me comprometo a repetirla con más frecuencia a Dios y a los hermanos.
Me llama la atención el que en las aldeas siempre nos regalan gallos o cabritos, nunca gallinas y cabras. Neneh me ha dado una sencilla explicación: los machos no sirven para nada, por eso los regalan. Las gallinas ponen huevos y las cabras dan leche y crías, pero un macho es inútil y puedes reemplazarlo fácilmente. ¡Dios santo!, espero que no piense lo mismo de nosotros.
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José Luis con dos pequeñas de Kayonkro.
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Dos pequeñas quitan las hojas para la celebración del domingo de adviento.
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La verdad es que tener cuatro gallos en la misión no deja de ser un problema porque nos aturden con su "ki-ki-ri-ki". Hace unos días Neneh mató al gallo pinto que durante largo tiempo había sido dueño y señor del gallinero. Era incapaz de vivir en paz y en comunidad, y se pasaba el día peleando. Ahora el "mero mero" es el gallo rojo que me regalaron en Kamanameh. Ya le he dicho que como se le suban mucho los humos, terminará en la sopa como su predecesor en el trono.
Por la tarde visito a John Bangura. La mano tiene buen color y solo le duele un poquito el brazo. Parece que la "piedra negra" y su secreto siguen haciendo milagros. ¡Que pena que no las podamos volver a comprar! Sería ideal poder repartir una en cada aldea.
> Lunes, 5: día de la Orden
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