Del 21 al 25 de noviembre
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Vista de Freetown, la capital de Sierra Leona.
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Estoy en Freetown, en un café internet. Todos necesitamos un pequeño descanso. Cuando aparezco por la red sufro algo así como un “acoso cibernético” por el Messenger y el Skype: familia, compañeros, amigos y conocidos, todos quieren que les conteste al mismo tiempo. Tenedme un poquico de paciencia.
Es el momento en el que aprovecho para leer los mensajes de nuestra Curia Provincial de Madrid, leer vuestros correos, y echarle una ojeada a nuestra pagina web. Y, si queda algo de tiempo, disfrutar del “vértigo de altura” que los osasunistas estamos sufriendo esta temporada. Y la velocidad de conexión no da para mucho.
Sigo compartiendo con vosotros el pan y la sal de cada día. Quizás a través de estas sencillas experiencias os deis cuentas de que ser misionero no es realizar nada extraordinario, es simplemente poner el corazón y la ternura en lo que uno lleva entre manos.
Después de mi ya larga andadura religiosa, os puedo asegurar que no es más difícil, ni más misionero, caminar a Kamabangekroy que ir con ilusión a dar clase de religión, o de literatura, o filosofía... los lunes por la mañana. O visitar a los enfermos los primeros viernes de mes y oír por enésima vez a la anciana contar la misma historia. Todo exclusivamente depende del corazón y empeño que pongamos en lo que hacemos.
Todos tenemos la necesidad básica de sentirnos valorados y queridos. También nosotros, los religiosos. Por eso cuando nos llamáis (¡gracias, Javi!), nos dais un buen empujón y alimentáis nuestro espíritu, que buena falta nos hace.
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Vista de Freetown, la capital de Sierra Leona.
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Sabed que con vuestra generosidad nos ayudáis un montón a aliviar la extrema pobreza en la que vive nuestra y “vuestra” gente, porque también es vuestra. Pero también es cierto que nosotros os ayudamos a ver un poquito más allá, y a saborear "la alegría del dar", y a experimentar lo bien que uno duerme cuando ha vencido el egoísmo y la insolidaridad.
Nunca se es más feliz que cuando comienza a ser importante para ti la felicidad de los demás. Os invito a que os asoméis a los ojos y a la sonrisa sencilla de nuestra gente. ¿A que enamora esa mirada?
Mi agradecimiento sincero a todos los que compartís lo vuestro con estos hermanos más necesitados. Soy un privilegiado por robarme los aplausos, los abrazos, las sonrisas y la gratitud que os pertenecen. Pero ellos os conocen y os aman, y rezan por vosotros, "sus amigos de lejos". Saben que tienen amigos en el Colegio Romareda de Zaragoza, y en el San Agustín de Valladolid, y en la Parroquia Santa Rita de Madrid, y en Little Flower de El Paso, y en Las Cruces de Nuevo México, y en Pamplona…
Me encantaría que quienes con tanta ilusión trabajáis en recoger donaciones, especialmente todos los alumnos de los colegios y las familias de las parroquias, pudiesen traerlas personalmente para disfrutar del agradecimiento de nuestra gente. Ojalá, ¿por qué no? Hasta que alguno se animase a echarnos una mano como voluntario. Que Dios cumpla su promesa en vosotros, y os pague con el ciento por uno vuestra generosidad y vuestro cariño.
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Vista de Freetown, la capital de Sierra Leona.
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Hemos venido a Freetown con la intención de descansar un par de días, hacer unas compras y leer nuestros correos. Pero, como casi siempre, "el hombre propone y Dios dispone". Estábamos en el café internet cuando llegó Edgar empapado. El Land Rover lo había dejado tirado y tuvo que llevarlo como pudo a Motor Care. El diagnóstico no pudo ser peor: la caja de cambios rota. Como no tenemos suficiente dinero, me voy con Edgar a pedir prestado a nuestros hermanos josefinos con la promesa de devolvérselo en cuanto nos sea posible.
Viajar en transporte público no deja de ser una pequeña odisea. Subimos a varias camionetas que nos catequizan con mensajes pintados en sus frentes: "Allah is in control now", "Allah is great", "Jesús es nuestro salvador", "La oración es la llave", "Quiero a mi papá y a mi mamá", "Dios es uno"... Vaya, todo un cursillo prebautismal.
También te enteras de que el Real Madrid sigue existiendo, aunque solo sea en la chapa de la furgoneta. Me encontré al menos tres de ellas exhibiendo orgullosas "Real Madrid". Íbamos 17 en una camioneta de nueve pasajeros y el copiloto se desgañitaba en cada esquina buscando nuevos pasajeros.
A una de ellas tuvimos que empujarla intentando arrancarla de nuevo:
— No tiene gasolina, nos dijo tan tranquilo.
— Pues devuélvenos al menos la mitad del dinero.
— Si te subes en la camioneta aceptas las condiciones en las que ella se encuentra.
Y como vimos que nadie decía nada, nos largamos a buscar otra. Creo que el 99% del transporte público en Sierra Leona no pasaría una muy generosa ITV. Los únicos coches presentables son los de las ONG, de las que por cierto hay al menos 133 trabajando en el país. Hay quien dice que las ONG no dejan de ser una solapada intervención extranjera con intenciones no siempre claras.
No deja de ser interesante caminar entre la gente. Te encuentras infinidad de “Tele Center” en los que por el módico precio de 1000 leones puedes ver cualquiera de los partidos de la Eurocopa, de la liga inglesa, o de la española. Pondré atención para ver si televisan al Osasuna de mis amores y hacer afición presumiéndolo en estas tierras.
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Vista de Freetown, la capital de Sierra Leona.
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Al volver a la casa nos encontramos con el obispo. Es bueno que vea en qué situación nos encontramos. Además, Casimiro se ha comenzado a sentir mal y me da una lástima tremenda verlo temblar como un pajarillo. Como el obispo se volvía el martes a Makeni, lo hemos enviado en su coche al hospital. Más tarde nos llamó diciendo que lo internaban. Parece que en nuestra última visita a las aldeas se sacó el gordo de la lotería: tifoidea y malaria.
Las cosas con el Land Rover se complican y no lo van a tener listo hasta el viernes por la tarde. El viaje de reposo se ha convertido en una pesadilla. Y además nos da pena dejar a Casimiro solo en el hospital. Hemos llamado a las hermanas de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta para que le lleven comida y para que avisen a Luis y vaya a visitarlo. Cada día nos llama preguntando cuándo volvemos, y nos parte el alma. Vivir en medio de la dificultad facilita "el tener un solo corazón y una sola alma". ¡Y no es poesía! Es increíble el afecto mutuo que ha nacido en tan poco tiempo.
Por fin, el sábado por la mañana podemos salir para Makeni. Cuando Casimiro nos vio, le cambió el rostro:
— Ya tenía ganas de ir a casa. Me echasteis de menos?
— Un poco. ¡Ja,ja,ja!
Parece increíble que estemos a las puertas del Adviento con el calor que hace. Tengo curiosidad por vivir estas fechas tan especiales de espera y esperanza entre esta gente.
> Lunes, 28 de noviembre
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