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Viernes, 11 de noviembre

  Caminando entre arrozales para visitar los poblados.

Muy temprano nos trajeron naranjas y cocos. Desayunamos su agua y otro huevo duro. Jugamos al fútbol y nos bañamos en los arrozales ante la mirada sorprendida de los niños del lugar. ¡Menudo contraste de pieles! Ellos, tan morenos; y nosotros, tan desteñidos.

De regreso pasamos de nuevo por Makehé, pero no queríamos abusar de su hospitalidad y dejarlos sin su comida. Y es que se la quitan de la boca para darte a ti lo mejor, y no es justo.

Vi a Casimiro hurgar de nuevo en la mochila: olla pequeña, pedazo de repollo, pedazo de zanahoria, ajos, dos cebollas chiquitas, pastilla de avecrem. Resultado, una fabulosa sopa coreana. Todavía les cocinó arroz al líder y a su familia.

Cuando se lo conté a Edgar, me dijo sonriendo que Casimiro prepara siempre en su mochila “una segunda opción”. Yo no tengo muy claro todavía si tengo uno o dos provinciales, pero ante la inminencia de los dos capítulos ahí va una sugerencia importante: “Clonemos a Casimiro”. Si al dividir las comunidades en Kamabai y Kamalu nos separan, yo voto por la clonación.

  Cruzando el Mabolé, de regreso a casa.

Llegamos cansados al rió Mabolé y una culebra de metro y medio salio del agua delante de nosotros como una centella y se perdió en la espesura. El guía ya tenia un palo en la mano:

— ¿Qué es? –pregunté-.
— Una cobra -dijo tan tranquilo-.
— ¿Una cobra en el agua?
— Sí, les gusta nadar.

Dios mío, y nosotros bañándonos bucólica y plácidamente exponiendo nuestras vergüenzas en medio de los arrozales. Con el susto en el cuerpo y con Casimiro diciendo: balance, balance (en cristiano: “¡No os mováis ni un centímetro!”), cruzamos el río. Y no era precisamente miedo a mojarse lo que tenía, sino a que la susodicha cobra tuviese compañeras tomando un baño. ¡Y yo que creí que el Hermano Cárdenas fantaseaba cuando me decía que atravesaron ríos llenos de culebras al huir de los rebeldes…!

Sentados con unos musulmanes, esperamos la llegada de Edgar con el Land Rover en Weredala. De un coche enorme se bajó un musulmán que parecía importante y le pedí a Casimiro que nos tomase una foto juntos. El señor accedió gustoso y entramos en animada conversación.

  José Luis se inmortaliza con el imán Fofaza después de su diálogo lleno de teología y de “alianza de civilizaciones”.

Era el Iman Alhaji Mahmoud Fofana, nativo del lugar, que venía desde Freetown, donde vive ahora, para realizar algo así como una visita pastoral. Dijo que nos admiraba, y que existía una clara diferencia entre musulmanes y cristianos: los musulmanes tienen un buen pueblo y malos líderes, y los cristianos tienen muy buenos líderes, pero mal pueblo.

Me preguntó, tocándome la camiseta y pantalón sudados, cuándo había visto a un musulmán hacer algo parecido. Nosotros éramos capaces de cruzar el río viniendo desde Corea y España, y ellos (y el líder de la zona estaba presente y bien sonrojado) no podían pasar simplemente al otro lado a visitar a sus hermanos lokos.

La verdad es que la charla resultaba muy agradable y amena. Se autodefinió como musulmán liberal, contrario a los fundamentalismos y al terrorismo en nombre del Islam:

— Tenemos un mismo padre y dos madres -me decía-.
— Cierto –respondí-, Abrahán.
— Ustedes –dijo sonriendo- creen en la promesa de Isaac y nosotros en la de Ismael, pero en definitiva nuestro Dios es el mismo y podemos y debemos vivir en paz.
— Como el presidente de la nación -añadí yo- que, siendo musulmán, tiene la mujer católica. Y supongo que no pasaran la vida peleándose.

Soltó una carcajada, nos abrazamos y se despidió diciendo:

— Gracias por atender a nuestra gente del otro lado, padre, y escuche bien lo que le digo: si algún día piensan hacer en este pueblo una iglesia católica yo les daré personalmente el permiso y pediré a mi gente que coopere en ello. Y, ¿quién sabe?, quizás alguno de nuestros jóvenes decida hacerse católico.

  Casimiro saluda al fotógrafo desde los arrozales.

Esto, que sólo son cuatro líneas, es algo histórico e increíble saliendo de los labios de un musulmán, porque la zona es musulmana al cien por cien, y es intocable e inaccesible.

Luego me enteré de que el tal Fofana debía salir temprano para Freetown por causa de “presidential bussiness” (negocios presidenciales) y de que era uno de los peces gordos del islamismo del África Occidental. ¡Y yo con su foto, dirección y teléfono en el bolsillo!

Una hora de Land Rover y de nuevo en el hogar, dulce hogar. Dos litros de agua (¡con lo que a mí me gusta!), y a la báscula: 84 kilos. René se ríe:

— Yo te dije que perderías cinco y has perdido sólo cuatro, pero no está mal.

  Uno de los “fouroclock”, pequeños lagartos que muerden con habilidad.

¡El cerdito va perdiendo la grasa a jirones y se va convirtiendo, poco a poco, en “puro pata negra”, amigo Alfredo!

Después de tres días, la habitación, con sus arañas ocasionales y los four-o’clock de siempre, se convierte en algo así como la suite del Hilton Palace. Y en la sobremesa, compartes las anécdotas con los hermanos intentando sacudirte la tristeza del alma. Pero es inútil porque, como os decía, cuando la pobreza te mira a la cara, ya no puedes esquivar esa mirada. Y te deja un no se qué bien dentro.

> Sábado, 12 de noviembre

 



Índice

Introducción

Gallinas africanas
El chivo está triste
Dos comidas diarias

Octubre
Sábado, 29
Domingo, 30
Lunes, 31

Noviembre
Miércoles, 2
Miércoles, 9
Jueves, 10
Viernes, 11
Sábado, 12
Domingo, 13
Lunes, 14
Martes, 15
Miércoles, 16
Jueves, 17
Del 21 al 25
Lunes, 28

Diciembre
Sábado, 3
Día 4: Segundo domingo de Adviento
Lunes, 5: día de la Orden
Miércoles, 7
Jueves, 8
Viernes, 9
Sábado, 10
Domingo, 11
Lunes, 12: Virgen de Guadalupe, patrona de las Américas y de Kayoncro