Miércoles, 9 de noviembre
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Despertar tras una noche de “cama dura”.
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Salgo con Casimiro a visitar durante tres días la zona de los lokos. Edgar nos dejó con el Land Rover en Werelada, pueblo musulmán por excelencia y con una mezquita espléndida. De allí nos vamos andando hasta el río Mabolé. Es tiempo de agua y viene cargadísimo. El bote-tronco en el que nos hacen subir no es precisamente un portento de flotación, pero sirve para cruzarlo.
Caminamos a Makehé y la gente nos recibe con entusiasmo. Algunos niños se acercan con curiosidad y nos tocan las manos; otros corren despavoridos, pues nunca antes han visto un blanco. Los padres los animan y supongo que les dicen en su idioma:
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Una pequeña sonriente del poblado de Makehe.
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— Mira, toca, toca que no pasa nada.
Algo parecido a lo que hacen los padres con los niños y los gigantes en Pamplona por San Fermín. ¡Vivir para ver! Vamos a darnos un baño al río y citamos a la gente a una reunión comunitaria a las 19:30. Comento con ellos mi primera impresión: el 95% de los niños que he visto tienen el estómago inflamado por las lombrices y con restos de infección en las axilas.
Pregunto de dónde consiguen el agua y si la hierven. Y es entonces cuando la pobreza en primera persona te mira a la cara y se asoma a tus ojos buscando esperanza. Y ya no puedes desviar tu mirada. Y das mil vueltas a la cabeza buscando una solución (“otra más”).
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José Luis y Casimiro disfrutaron en Makehe de esta “baffa” o cabaña que una familia desalojó para que ellos estuviesen más comodos.
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Sé muy bien la teoría: “nada de promesas, no sois el Mesías”. Eso está muy bien, pero a Jesús también le robaban los milagros de las manos. En cuanto lo miraban con fe, perdía la cabeza y actuaba. Y esa era la Buena Noticia: para el ciego, que veía; y para el paralítico, que volvía a caminar.
Y se me ocurre que una muy Buena Noticia en Makehé es la construcción de un pozo de agua limpia que solucione la enorme cantidad de enfermedades por la que se mueren la mitad de los niños que nacen. Y he escrito bien: la mitad.
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Una madre de Makehe bañando a su hijo.
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Y para que veáis cómo hace el Señor las cosas, pues resulta que desde nuestra Parroquia de Santa Rita de Madrid, Roberto Sayalero lleva un tiempo suplicando por un proyecto no muy grande. Pues ahí lo tienes, amigo mío. Puedes decir a los niños de la parroquia que gracias a su pequeño sacrificio y generosidad, van a regalar salud a los niños y habitantes de Makehé, aldea loko al otro lado del río Mabolé. A unos niños que viven en chozas como las que ellos pintaron en la cripta de la iglesia de Santa Rita.
Y puedes decirles también que me di el gustazo de prometérselo construir, con vuestra ayuda, en el menor tiempo posible. Y que me hubiese encantado que oyeseis el aplauso con el que recibieron la noticia.
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El río Mabole, cargado de agua y de serpientes.
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Antes de dormir quemaron una mamba (serpiente venenosa) que agarraron los chavales rondando la aldea. Eso hizo que Casimiro y yo revisásemos nuestro aposento mil veces antes de cerrar los ojos dominados por el cansancio.
> Jueves, 10 de noviembre
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