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“No sé de dónde sale tanto crío”.

Las dificultades de comunicación

No sé cuándo podré enviaros estas notas. Don Besana vuelve a Filipinas el día 31 de octubre para un chequeo médico, por sus dolores de pecho. Si sucede algo reseñable en este tiempo, lo iré anotando para compartirlo con vosotros. La comunidad, a partir de esa fecha, la compondremos Édgar, Casimiro, René y yo. De siete nos quedaremos en cuatro, y el trabajo es el mismo; así que pedid a Dios que nos dé fuerzas y salud.

Como ya tenemos una iglesita con el nombre de Santa Teresa (y es la misma Teresita que la nuestra), estoy esperando a ver si nos dan otra zona para construir otra allí. En caso contrario y con vuestro permiso, construiríamos una escuelita o dispensario medico “Little Flower”, y me encargaría de que nuestra Santa estuviese bien bonita y pintada.

 

José Luis Garayoa en El Paso con Canela y Katombo, sus dos perros.

Poco a poco me iré poniendo en orden. Esta vez me lo quiero tomar más tranquilo e ir entrando poco a poco para que el cuerpo aguante bien la adaptación. Os iré mandando más tarde fotos de niños que podéis apadrinar. Nuestra idea es no hacer excepciones dentro de la misma aldea y usar el dinero para todos. No sé de donde sale tanto crío. Se acercan, te tocan y se ríen. Eso es bueno; al menos no nos tienen miedo.

Intentaré escribiros siempre que salgamos a Freetown. En la misión es casi imposible comunicarse por teléfono. Me pegué sentado media hora en un punto exacto para ver si aparecían dos ridículas rayicas de cobertura… ¡y nada! Sólo podemos enviar mensajes de texto.

Cuando hablé con René por teléfono antes de venirme, me comentó la existencia de un cell-site. Yo me imaginé una chocita de bambú con asientos y toda la infraestructura necesaria para escribir.

Pues bien, el cell-site es un triste árbol con un bote colgando de las ramas. Debes esperar sin moverte a que aparezcan dos rayas de cobertura en tu teléfono, porque entonces sí puedes enviar un mensaje. Naturalmente hay que armarse de paciencia hasta que aparezcan las dichosas rayas.

 

Los móviles, colgados en unas latas de un árbol, esperan la llegada de la señal de cobertura.

Enviado el mensaje, metes tu teléfono en el bote para que pueda recibir una posible respuesta sin perder cobertura al moverte. Claro que, como es tiempo de lluvia, hay que vaciar primero el bote de agua para no echar a perder el teléfono. Lo positivo del cell-site es que el árbol es de aguacates y que cuando sea el tiempo de ellos lo visitaré con bastante frecuencia.

Cuando salga a Freetown os mandaré mensajes, por si alguien se anima a llamar. Parece que allí si hay cobertura. La diferencia horaria es de seis horas con El Paso. Aquí no cambia la hora, así que cuando vosotros la cambiéis serán cinco. Con España la diferencia actual es de dos horas.

Voy a ver si mato un par de four o’clock para que no me chupen por la noche. Son como lagartijas simpáticas y con ventosas en las paticas, pero si te chupan te tienes que rascar la irritación durante tres días. Y los bichejos se meten por debajo de la puerta.

Espero con emoción el próximo sábado, porque iremos a Katombo y me voy a poner la camiseta de mi perro (*), para que la vean.


> Lunes, 3 de octubre


(*) N. de la R.: en El Paso, José Luis encontró una perrita abandonada a la que llamó Canela y la crió en la parroquia. A los meses Canela tuvo cachorrillos y uno de ellos se quedó con Canela en la parroquia. José Luis lo llamó Katombo, que es uno de los pueblos atendidos desde la misión de Kamabai.




Índice

Introducción

Llegada a Freetown

En Kamabai, casi siete años después

Un Babel de lenguas

Las dificultades de comunicación

Lunes, 3 de octubre

Martes, 4 de octubre

Miércoles, 5 de octubre

Jueves, 6 de octubre

Viernes, 7 de octubre

Lunes, 10 de octubre