 |
 |
| |
Poblado de Bumbam, con una anciana y un niño.
|
En Kamabai, casi siete años después
Al día siguiente salimos para la misión. Al pasar por Masiaka se me escaparon unas lagrimillas recordando mi cautiverio. Pude ver la casa donde me retuvieron durante el secuestro una de las noches, para que no nos viese la gente. Luego Mabesseneh, Bínkolo, Kamabai… No sentí miedo, simplemente una emoción inmensa mientras saboreaba el reencuentro con esos lugares.
La casa está en muy buenas condiciones: mosquiteros, agua (como hay combustible la podemos subir al depósito) y un refrigerador que nos funciona unas horas y que nos permite almacenar un poco de agua en condiciones. Ahora sí que vamos a estudiar con detenimiento el tema de las placas solares, porque nos facilitaría la vida un montón.
 |
 |
La casa de los religiosos en Kamabai, con las mosquiteras puestas.
|
|
Otra cosa son las visitas a las comunidades de las pequeñas poblaciones. Ahí sí que te tienes que encomendar al santo de tu devoción para no contraer ninguna enfermedad. Pero al menos en nuestra casa intentamos comer bien y cuidarnos para conservar fuerzas.
De madrugada, como en el evangelio, cantó el gallo. Mas bien, el puñetero gallo estuvo fastidiándome desde tempranito hasta que me levanté. ¡Qué bien nos vendría un par de ellos en algunas comunidades! Juré en arameo, porque no había luz y no se por qué tenía que cantar tan temprano: sólo eran las 5 menos cuarto de la madrugada.
Pronto me tranquilizó una feliz asociación de ideas: gallo, gallina, huevos… En el desayuno bendije al gallo por permitirme desayunar un huevo como Dios manda. Lástima de pan, porque me hubiese untado en él una barra del horno artesano de Pamplona.
 |
 |
Mucha gente llega a la casa de los religiosos buscando comida. Don Besana, agustino recoleto, reparte a la puerta de casa.
|
|
Por lo que veo, voy a comer más arroz que los chinos. Arroz para comer, para cenar… y el que sobra, para el desayuno; y los huecos que quedan los rellenas con plátano. Por ahí no voy a tener problemas porque sigo teniendo el mismo apetito y me sobran al menos 25 kilos. Me dicen que no me preocupe, que se pierden naturalmente.
Me llevé una agradable sorpresa al comprobar que tenemos una iglesita en Bumbam dedicada a Santa Teresita. El 1 de octubre celebramos la fiesta y recordé con cariño a mi antigua comunidad. Creo que en la misa sudé tanto que pude perder 3 ó 4 kilos. ¡Dios mío, cómo recordaba el aire refrigerado de Little Flower!
Me sonreí viendo cantar y bailar a todo el mundo, y no pude menos de recordar los cabreos que me agarraba para que lo hiciesen en El Paso. Bebí mampa (vino de palmera) y me hubiese bebido el Río Grande y el depósito del Land-rover.
 |
 |
José Luis Garayoa se reecuentra con aquellos que conoció en su primera estancia. En este caso, con Augustine.
|
|
Para comer nos dieron arroz con carne. Preferí no preguntar de qué era la carne. Me sirvieron un plato enorme y les dije que era demasiado.
—“Don’t worry, father, the children are waiting”.
¿Cómo comer tranquilo viendo un montón de críos esperando por las sobras? Me miré la panza, tomé dos bocados y dejé el plato para los niños. En esos momentos no puedes menos de pensar en la cantidad de comida que desperdiciamos en lo que llamamos primer mundo. En las ofrendas, presentaron un montón de naranjas, plátanos y un gallo. Espero que el nuevo gallo no nos dé tanta guerra como el titular.
> Un Babel de lenguas
|