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  La tumba del P. Pardo es visita obligada de los misioneros recién llegados a Lábrea: los últimos, en 2004, Santiago Martínez (izda.) y Manuel Herrero.
El último viaje a Lábrea

Llevaron el cuerpo al barco. Le pusieron el hábito blanco recoleto que el mismo había llevado y regresaron a Lábrea. Saverio continúa contando que era tan grande el deseo de ver al P. Jesús Pardo reanimado que “una de las personas que estaba próxima al cuerpo gritó: —El padre está vivo; lo he visto respirar. Hubo un momento de confusión, todos querían ver si era verdad. Para nuestra tristeza, Fray Jesus estaba muerto”.

Iglesia catedral de Lábrea en la actualidad.

 
Cuando llegaron a Lábrea, las autoridades y el pueblo estaban esperando en el puerto. El cuerpo sin vida permaneció en el barco, mientras era llamado el médico de Lábrea, Dr. Rolando Franco, para constatar su muerte. El cadáver fue llevado a casa de las religiosas. Aún le pusieron dos inyecciones para intentar reanimarlo, sin resultado. Fueron a casa de los Padres, que estaba custodiada por dos soldados, para recoger algunas ropas y amortajarlo. Como no encontraron la llave del cuarto, derribaron la puerta. Aunque la ropa estaba toda a la vista nadie vio nada, tan grande era el nerviosismo. Lo vistieron con unos pantalones y una camisa del Sr. Masullo. Encima le pusieron el hábito recoleto negro. Sobre una mesa grande llevaron el cuerpo a la catedral, donde fué revestido con los ornamentos sacerdotales. La pequeña imagen de Nuestra Señora de Nazaret, que él había traido de Belém, veló el cadaver durante el tiempo que fue expuesto en la iglesia. La catedral se llenó de fieles que querían darle su último homenaje. No podían contener las lágrimas y deseaban tocar el cuerpo. Las campanas no pararon de tocar a muerto.

 


P. Jesús Pardo. Fotografía del recordatorio de su muerte.

Índice

Jesús Pardo

En Lábrea

EL paseo a la playa del Pirón

La tragedia

El último viaje a Lábrea

El funeral: dos días para enterrarlo

¿Qué ha sido de aquellos niños?