 |
 |
| |
Centro comunitario de San Sebastián dedicado al P. Jesús |
La tragedia
Aún no habían llegado las señoras y las religiosas a la casa que iban a visitar cuando unas alumnas del colegio Santa Rita llegaron corriendo avisando que unos niños se estaban ahogando. Sor María Paz bajó corriendo. Cuenta ella en el Libro de Cosas Notables: “Fray Jesús quería hacer un gol donde estaba Saverio, cuando chutó el balón y cayó en el río. Mandó a Pedrito, niño que los padres criaban, a buscar el balón, porque sabía nadar, pero otros también se echaron al agua, cayendo en un lugar muy peligroso.” Cuanto más avanzaban en el agua, mas se distanciaba el balón y ellos de la orilla. Cuando los niños se dieron cuenta que no podían conseguir alcanzar el balón, desistieron y quisieron volver para la orilla. Solamente Saverio Filho, con mucha dificultad, consiguió llegar a la orilla. Sigue contando Sor María Paz: “El Sr. Masullo viendo a su hijo Agustín que se ahogaba, lo mismo que Evaldo Paiva y su sobrino Francisco, se lanzó al agua, cayendo en el mismo peligro de muerte, porque el hijo le agarró del brazo y Evaldo del cuello, no pudiendo nadar ni salir del remolino” .
 |
 |
Capilla de la comunidad del Pirón, el pasado 9 de julio.
|
|
Agustín, hoy médico en Manaus, recuerda que “de repente sentí que Evaldo me agarraba por el cuello y se montaba en mi hombro haciendo que me hundiese más. En pocos segundos vi que mi padre se acercó y consiguió, a la fuerza, quitarme a Evaldo de encima. Aunque estaba cansado, me llevó en dirección a una canoa que venía a socorrernos”. El Sr. Masullo sacó a su hijo Agustín. Viendo que otro niño era llevado por la corriente gritó pidiendo auxilio, en el momento que era tragado por el remolino. Acudió Nilson Gomes “Chumbinho”, timonel del barco, así como dos canoas que estaban pescando al otro lado del río y el P. Jesús. El empleado del barco recogió a uno de los niños y, viendo que no resistía la fuerza del remolino, pidió socorro a un compañero. Una de las canoas recogió al niño y al Sr. Masullo, que bebía mucha agua. El Sr. Masullo cayó exhausto en la arena.
 |
 |
9 de julio de 2005: los misioneros de Lábrea se reúnen en la playa del Pirón para recordar al P. Pardo. Preside la eucaristía el obispo, monseñor Jesús Moraza.
|
|
El P. Saturnino Fernández escribió un resumen del informe de la policía en el Libro de Cosas Notables: “El P. Jesús Pardo, buen nadador, fue a buscar a Francisco, que estaba más lejos, y lo arrastraba la corriente. Poco después luchaba con dos niños, pues el remolino le había echado encima otro donde se encontraba nadando”. Saverio Filho, que consiguió salir por si mismo y asistió a todo el drama desde la playa, cuenta que recuerda perfectamente después de cincuenta años, al P. Pardo “que conseguía coger a los niños, ponérselos en la espalda y traerlos hasta el barco que estaba anclado un poco distante de la playa. La última vez que lo ví fue yendo en dirección a mi primo Francisco, que ya se encontraba muy lejos de la orilla, flotando al capricho de la corriente”. Una canoa recogió a los dos niños con los que forcejeaba el P. Jesús. Uno de ellos, Francisco Lopes de Paiva estaba sin sentido. Lo que obligó al canoeiro a remar rápidamente para la orilla, dejando al P. Jesús nadando. Nadaba en dirección a la playa cuando desapareció repentinamente. Algunas personas lo habían visto levantar el brazo y hundirse.
 |
 |
Agustinos recoletos y religiosas que peregrinaron al Pirón el pasado 9 de julio.
|
|
Uno de los canoeiros se tiró para buscarlo, en el lugar en que lo vieron hundirse. Estaba a dos metros de profundidad, en un pozo que era causa del remolino. Consiguió agarrarle por la liga y después por el pie, por la zapatilla. Ayudaron a traerlo a la playa, pero ya estaba muerto. Saverio Filho recuerda también que “al llegar a la orilla de la playa con el cuerpo de Fray Jesús extendido en la canoa, sin ninguna señal de vida, el pánico invadió a todos; y aún fue peor cuando otro pescador trajo a mi primo Francisco Paiva, inconsciente, dando la impresión de que también estaba muerto. Inmediatamente intentaron reanimar a los dos, aplicándoles masajes y poniéndoles la cabeza baja, con el fin de que echaran el agua que habían bebido. Francisco recuperó los sentidos y vomitó mucha agua. Fray Jesús no volvió en sí; continuaba sin moverse y sin respirar. Todos rezaron mucho con la esperanza de que diese alguna señal de vida.” No había bebido agua. Un hilo de sangre le corría de la nariz. Tenía los ojos fijos en algo enfrente de él. Hicieron todo lo posible para reanimarlo. Fue inutil. Todo sucedió en quince minutos, entre las seis y las seis y media de la tarde.
|