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El lugar de los hechos: Playa del Pirón |
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El paseo a la playa del Pirón
El día 25 de julio por la mañana, celebró la misa en la capilla de las religiosas. Por la tarde fue convidado por la familia del Sr. Plinio Paiva, comerciante, para dar una vuelta en su barco. Iban también su esposa Amalia y sus hijos Francisco y Carlos, la familia del Sr. Saverio Masullo y sus hijos Saverio Filho y Agustín, la familia de doña Palma Paiva y algunas alumnas del colegio Santa Rita, dirigido por las religiosas. El P. Jesús quería acabar de pintar la catedral, el tiempo era escaso y no quería dejar el pueblo sin sacerdote, por si necesitaban de él. El Sr. Plinio insistió para que les acompañase; además, también iban las religiosas de la escuela Santa Rita, Sor María Paz y Sor María José. La insistencia cariñosa fue tanta que aceptó.
A la una y media de la tarde salían bajando el río Purús. Al pasar por la playa del Pirón, algunas personas quisieron visitar a doña Jozina que allí vivía. El P. Pardo fue el primero en pisar la arena, comenzando a jugar al fútbol con el Sr. Saverio Masullo y los niños. Francisco Paiva, uno de los niños protagonistas del suceso, ingeniero jubilado y abogado en Fortaleza (Ceará), recuerda que cuando llegaron a la playa del Pirón “la primera diversión fue bañarnos en el río Purús, en un lugar indicado por los adultos, donde la pequeña profundidad permitía a todos, independientemente de que supieran nadar o no, disfrutar el gusto de las bromas dentro del agua. Siempre que el balón era chutado lejos, la chiquillada aprovechaba para echarse un chapuzón en el agua. En una de esas ocasiones, el balón fue a un lado del río donde aún no nos habíamos bañado; algunos niños se echaron para coger el balón y aprovechar para darse un nuevo chapuzón refrescante. En ese momento comenzó la tragedia. En aquella parte había un enorme agujero, donde la profundidad no permitía que los pies tocasen el suelo, todos los que no sabían nadar comenzaron a ahogarse. Yo fui uno de ellos…”
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