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Vista de Lábrea con el río en alza. |
En Lábrea
Hacía cuatro años que el P. Jesús Pardo había llegado a la misión de Lábrea. Fue destinado a la parroquia de Pauiní, creada en 1949, a tres días de distancia en barco, con los barcos actuales. El obispo de Lábrea, José Álvarez, debía participar en el Congreso Eucarístico Internacional de Rio de Janeiro con el discurso de apertura de la exposición misionera. Un mes antes, el P. Saturnino Fernández, párroco de Lábrea, se había adelantado en el viaje para organizar en la exposición la participación de Lábrea. El obispo pidió que el P. Jesús viniese de Pauiní a Lábrea, para que la parroquia no se quedase sin sacerdote.
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Padres Pardo y Saturnino Fernández
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El P. Pardo no solamente vino, sino que se comprometió a organizar un pequeño congreso eucarístico en Lábrea, a la par que se celebraba el de Rio de Janeiro. Todos los jueves del mes de julio celebraron en la catedral una “hora santa de adoración” y bendición con el Santísimo y un triduo durante los tres últimos días antes de la clausura del congreso. El día 23 de julio, trabajó incansablemente para preparar las celebraciones del día siguiente. Por la mañana del día 24, después de la misa, organizó una concurrida y fervorosa procesión, como si fuese el día del Corpus Christi, con bendición y sermón. Mucha gente comulgó, aunque se quejaba de la poca participación de los hombres. Por la tarde dió la última catequesis para los niños. El P. Jesús se había comprometido, también, a pintar la catedral antes de que el obispo regresase de Rio de Janeiro. Para estas fechas ya tenía pintada la torre y la fachada.
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