Él, nosotros y ellos = Nosotros
Y ellos son los más importantes en esta historia. No lo dudes, ellos son los pobres de entre los pobres de tu ciudad. Son Jesús en medio de ti. O, mejor dicho, a unos cuantos metros o kilómetros de ti. Porque, aunque Dios sale al encuentro, hace falta moverse, andar para poder abrazarlo. Hay que ir a la cárcel para ver a Dios. Porque sí. Porque Dios está en medio de los pobres.
En medio de los que carecen de formación, de los que no tienen las oportunidades que tú y yo tenemos, que no tienen la educación que tú tienes, que están acostumbrados a hábitos diferentes a los tuyos, que se encontraron un día con la droga y a diferencia de ti y de mí no tienen recursos para salir de ella, en medio de familias tradicionalmente desestructuradas, en medio de barrios de tu ciudad por los que nunca has pasado, en medio de historias rotas…
Ahí está Jesús. "No lo busques más, ha resucitado y está en medio de vosotros" —dice el ángel en la tumba de Jesús—. No lo busques más, ya sabemos donde está, lo hemos encontrado, te decimos nosotros: Jesús está en medio de los pobres de entre los pobres de tu ciudad.
Por hacernos una idea rápida, el perfil del preso en España es el siguiente:
Varón. El 92% de la población reclusa son hombres.
Joven. El 44,50% de los reclusos son menores de 30 años y mayores de 18.
Bajo nivel educativo. El 10% son analfabetos totales, y el 19,1% son analfabetos funcionales.
Sin trabajo. Tan sólo el 49% se encontraba trabajando al entrar en prisión.
Drogodependiente. El 56%, oficialmente, de los internos consumían drogas en el momento de ingresar en la cárcel. Este dato, sin duda, en la realidad es mucho mayor.
Delitos por los que están ingresados en prisión. El 52% de los internos han ingresado en prisión por delitos contra la propiedad (robos, hurtos, etc) y el 33% lo ha hecho por delitos contra la salud pública (tráfico de drogas fundamentalmente). Ambas tipologías delictivas están claramente relacionadas con el entorno social al que pertenece el interno: hogares sin recursos económicos y zonas marginales relacionadas con el mundo de la droga, y con la propia situación personal de drogodependencia.
Reincidencia. Dos de cada tres internos es reincidente. Hay un dato absolutamente relevante en el tema de la reincidencia que es la relación existente entre la reincidencia y la edad del primer ingreso. De los presos que han tenido su primera experiencia de cárcel con menos de veinte años reingresan 4 o más veces en prisión en más de un 82% de los casos. Es decir, 8 de cada 10 se han convertido en inquilinos habituales de las cárceles.
Inmigrantes. Uno de cada cuatro internos en las cárceles españolas es inmigrante.
Como ves, nos encontramos con un perfil muy homogéneo, que responde a un estrato social bastante claro y determinado. Te podrías preguntar por qué tú o yo nunca, o con muy poca probabilidad, entraremos en la cárcel algún día. Te podrías preguntar si las causas del delito son sólo individuales, o son también sociales; es decir, si detrás de la comisión de un delito existe sólo responsabilidad individual o también hay una responsabilidad social de falta de oportunidades, que curiosamente hace que siempre el mismo estrato social sea el inquilino habitual de las cárceles. Te podrías preguntar por qué un delito contra la Hacienda Pública tiene una condena máxima de cinco años, mientras que quien trafica al pormenor para poder obtener dinero en su consumo personal puede estar en la cárcel durante años y años en función del peso y pureza de la droga, o te podrías preguntar… Basta.
Él, nosotros, ellos y la cárcel = Nosotros
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