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Ciudad de los Niños: Taller 1 del curso Segundo de Soldadura.
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La Ciudad de los Niños
Muchas veces nos es difícil ponernos en el lugar de uno de esos muchachos de la Ciudad. ¿Cómo es su interior? ¿Qué esperan, en general, de la vida? Están gritando al igual que nosotros porque ante sí sólo se pintan los paisajes en tonos grises. Sin embargo se han dado la oportunidad de arriesgarse, de cambiar, de buscar, de luchar, de ser “alguien” con identidad propia y un proyecto de vida futuro.
Dentro de cada uno de los jóvenes que ingresan en Ciudad de los niños se esconden profundas heridas y un gran dolor, sin embargo a la par permanecen sueños, anhelos, deseos de superación de estos pequeños seres lúdicos, constructivos y aprehendientes, deseosos de descubrir, de despertar a otras realidades mas justas, más humanas y menos agresivas.
Dentro de las diferencias individuales de todos y cada uno de estos jóvenes existe un objetivo común al cruzar las puertas de Ciudad de los Niños, una inquietud por descubrir ese algo que les hará mejorar su estilo de vida, la disposición a aprender, a ser educados, educar y educarse. Toman conciencia de su rol de estudiantes, del esfuerzo y lucha que requiere autodescubrirse con habilidades y virtudes ocultas, eliminar aquellas etiquetas que facilitaban una relación superficial y destructora con los demás.
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Ciudad de los Niños: clases teóricas en Primero de Mecánica.
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Descubren qué es la lucha, adquieren y desarrollan las herramientas necesarias para alcanzar sus sueños. Pero la realidad que les mostramos sólo se puede llevar a fin en Ciudad de los Niños, una pequeña realidad diferente. Fuera de las puertas de ese espacio protegido se encuentran la sociedad consumista y egoísta, un mundo laboral explotador, la indiferencia familiar y las sustancias evasoras de toda una vida de sufrimiento.
Ya he hablado en muchas ocasiones de los muchachos de Ciudad de los Niños. Ellos no son diferentes a muchos de nosotros. Su interior es el de un niño abandonado deseoso de afecto, de apoyo, de atención, de formación, de reconocimiento… Y sus expectativas futuras son muy diferentes, un trabajo digno que le proporcione seguridad económica y satisfacción personal, una familia fundada sobre el afecto y las relaciones de confianza y comunicación, la oportunidad de seguir formándose en la universidad, viajar a países extranjeros para desarrollarse como profesionales técnicos, reconstruir su medio socio-familiar… Dentro de esta diversidad, todos y cada uno de estos muchachos dirigen su mirada de esperanza hacia el cambio de un pasado amenazante y de indefensión.
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Ciudad de los Niños: Taller 6 del curso Tercero de Mecánica.
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¿Cómo ven los chicos de la Ciudad de los Niños a los religiosos? ¿Qué mensaje les llega de ellos? Creo que esa pregunta se la deberías hacer a los muchachos o a los frailes. El rol que juega un fraile y que jugué yo era muy autoritario. Las normas y los límites para un desarrollo adecuado en Ciudad de los Niños estaban bien claros, y manejarse en estos términos era muy cómodo para nosotros, pero hoy me pregunto: ¿era lo más adecuado?
El fraile no llegaba al joven como tal, sino como ser humano adulto y diferente, poniéndose en juego diferentes factores como la personalidad, el área que le tocara administrar (permitían mayor o menor acercamiento al joven el encargado de talleres versus encargado de recursos humanos, encargado de pabellones versus encargado de la finca…) y en pocos momentos se visualizaba la comunidad religiosa como tal, a excepción de los domingos en la eucaristía o en espacios festivos. Sé que los muchachos se cuestionan el estilo de vida religioso, saben teóricamente por las clases de religión, catequesis, formación en Semana Santa y retiros espirituales, pero, que lo hayan vivenciado, lo dudo.
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Ciudad de los Niños: Actividades de los Scouts.
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¿Crees que en la Ciudad de los Niños se puede dar un proceso vocacional a la vida religiosa? ¿Por qué? No llegan buscando resolver su vocación sino encontrarse a sí mismos como seres útiles, con una identidad válida para sus familias y la sociedad. Yo nunca llegué a Ciudad de los Niños en busca de mi vocación, hay otras necesidades por cubrir antes que la realización espiritual.
Es una realidad muy cerrada donde emergen sentimientos que luego pueden entrar en conflicto con la verdadera realidad. No es el fin de Ciudad de los Niños la promoción vocacional, en la que no se han puesto muchos esfuerzos. El discernir debe estar en cada ser humano y la vocación religiosa puede utilizarse como una solución rápida y cómoda a seres humanos desesperados por ponerse una etiqueta de “soy válido”.
El joven de Ciudad de los Niños debe aprender a tomar decisiones de vida y tras conectar con una realidad más justa y menos agresora decidir cual va a ser su papel en ella, y por tanto su vocación.
Creo que la vocación no se aprende, está en cada uno.
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