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Basílica de Tolentino. Cappellone. San Nicolás, en el sermón que le movió a hacerse agustino.  
Recuerdos familiares
Tras visitar detenidamente la parroquia de Sant’Angelo in Pontano, nos faltaba ir el convento agustino, para lo cual hay que atravesar el pueblo y el cerro… y, lo primero, la plaza. Cuando lo hacemos, se nos ocurre que bien pudo ser aquí donde aquel fraile agustino predicó el sermón popular que conmocionó al Nicolás niño y le llevó a meterse fraile.

El párroco se nos ofrece como guía, y menos mal, porque no resulta fácil orientarse por el entresijo de calles y callejas propio de un pueblo medieval. Una de esas calles nos llama la atención: “Via dei Guarutti”. ‘Guarutti’ o ‘Guarinta’ era el apellido paterno del Santo. Así se llamaba su abuelo y así se habría llamado él, de no haber atribuido su nacimiento a san Nicolás de Bari y habérsele dado, en consecuencia, el nombre del Obispo de Mira. Posiblemente esta calle tenga que ver con nuestro Santo. Lo confirmamos al ver que desemboca en una plazoleta en cuyo centro se levanta una estatua de bronce.

Como no podía ser menos, es una estatua de san Nicolás de Tolentino. Puede sonar raro, pero es uno de los pocos motivos alusivos al Santo que vemos en su pueblo. La estatua es de bronce, y representa a nuestro taumaturgo de pie, con la cara alzada al cielo y el sol sobre el pecho; con la mano derecha sostiene una ancha cruz y el lirio que simboliza su pureza, y con la izquierda muestra, abierto, el libro de la Regla de san Agustín.

La base de piedra sobre la que se asienta, explica las circunstancias en que se erigió el monumento. Fue en 1955, al cumplirse los 650 años de la muerte del Santo. Se la encargó el ayuntamiento del pueblo al escultor Gustavo Latini, y fue instalada en este lugar por su proximidad a los supuestos restos de la casa familiar de los Guarinta.

Por estas callejuelas empinadas, entre casas de piedra como éstas, en la terraza natural que es este pueblo de Sant’Angelo in Pontano, discurrió la infancia de san Nicolás. Una infancia que los testigos del Proceso ‑siguiendo estereotipos hagiográficos‑ pintan con colores demasiado serios: la de un niño responsable, piadoso, limosnero, nada amigo de juegos ni diversiones etc.


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San Ginesio

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Recuerdos familiares

El convento de San Nicolás