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| Sant’Angelo. Iglesia parroquial de San Salvador. Vista trasera. |
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Iglesia parroquial
En Sant’Angelo estamos citados con el párroco, al que encontramos junto a la iglesia parroquial. Se encuentra ésta fuera del laberinto de calles, en una plaza ancha, al final del pueblo, al otro lado del cerro.
Por fuera no impresiona demasiado, debido en parte a que mira hacia el vacío y uno se le acerca por la parte trasera. Lo primero que nos comenta el párroco, además, es que la afectó bastante el terremoto de 1997. Aún quedan cosas por restaurar. Bien a las claras lo muestra la capilla junto al brazo derecho del crucero, en la que claramente se ven algunas fisuras.
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Sant’Angelo. Iglesia parroquial de San Salvador. Torre.
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El templo es del siglo XII, con un campanario del XIII, todo de ladrillo. Tiene tres naves que mezclan románico y gótico en un conjunto airoso y armónico. Y, debajo, la cripta, con la misma planta que la iglesia. El párroco nos explica, entusiasmado, cómo estaba abandonada, la han recuperado y ahora se ha convertido en un importante centro belenístico para toda Italia.
En una de las columnas de la nave destacan dos lápidas. Una está en italiano, y recuerda la visita que los restos del Santo hicieron a su pueblo natal en 1945, para recibir el homenaje de sus paisanos por haber superado incólumes la Segunda Guerra Mundial. Encima de ésta hay otra más antigua, escrita en latín, que proclama la toma de hábito en este lugar de “San Nicolás, llamado ‘de Tolentino’”. La reclamación en clave de ironía distrae al espectador del error que supone situar aquí la toma de hábito del Santo. San Nicolás tomó el hábito, muy probablemente, en San Ginesio. Y, caso de haberlo tomado en Sant’Angelo, habría sido en el convento agustino, no aquí.
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| Sant’Angelo. Iglesia parroquial de San Salvador. Interior. |
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La relación de este lugar con “San Nicolás de Sant’Angelo” ‑así se le nombra en las estampas que nos reparten‑ es muy distinta y no menos importante. Aquí fue bautizado Nicolás, probablemente. Y aquí recibió su primera instrucción.
Porque esta iglesia parroquial, dedicada a San Salvador, no es otra cosa que la antigua colegiata de los canónigos regulares, que administraban pastoralmente el pueblo. Hace 700 años, la única enseñanza infantil existente era la de las escuelas parroquiales. Y, en tiempos de san Nicolás, aquí funcionaba una regentada por un canónigo, un tan don Ángel recordado tanto en el proceso del Santo como en las pinturas del Cappellone. Nicolás fue aquí alumno modelo, y aquí manifestó por primera vez su decisión de ser fraile agustino, para gusto y orgullo de don Ángel. Más aún, según algunos testimonios, habría llegado incluso a vivir con los canónigos, como alumno interno en su escuela monástica.
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| Basílica de Tolentino. Cappellone. San Nicolás, en clase. |
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La visita a San Salvador reaviva en mí una duda, que consulto a mis acompañantes: ¿no hay rivalidad entre Sant’Angelo y Tolentino? Ciertamente, me reconocen, nuestro Santo es aquí “san Nicolás de Sant’Angelo, más conocido como “de Tolentino”; pero no hay competencia entre ambas poblaciones, hermanadas más bien en él. De hecho, Sant’Angelo organiza anualmente su peregrinación a Tolentino. Y, cada 10 años, los restos de san Nicolás visitan a sus paisanos. Y, en fin ‑me aseguran los agustinos‑, ordinariamente todos los domingos aparece por la basílica gente de Sant’Angelo y su entorno.
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