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En el observatorio metereológico
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La casa de Manaus y visita del delegado provincial
Ya desde 1932, la Prelatura disponía de una casa en Manaus para reposo y recuperación de los misioneros enfermos, y punto de apoyo para los asuntos de la Prelatura. Fue comprada por fray Ignacio Martínez. En un principio estaba situada en la calle 24 de Mayo, con el flanco izquierdo sobre la avenida Eduardo Ribeiro.
El padre Florentino García visitó la misión en calidad de delegado provincial en 1935. La provincia pensó que en Manaus habría campo de acción para los recoletos, ya que en aquel tiempo sólo contaba con dos pequeñas comunidades de capuchinos, dos sacerdotes diocesanos y salesianos dedicados al colegio. Pero no pensaba lo mismo el obispo de la ciudad, don Basilio Pereira, que ofreció otras prelaturas del interior en vez de la deseada parroquia de Manaus. El padre Florentino García escribía sobre este encuentro con el obispo de Manaus: «Yo nada dije sobre este particular, pero dije para mis botones: basta de prelaturas; ya tenemos dos que mal nos llegan o mal servimos por falta de personal: Lábrea y Marajó, sobre todo Lábrea».
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Construyendo un altar
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Así era. Los tres o cuatro padres que atendían la Prelatura vivían en Lábrea. Cuando uno de ellos no estaba de desobriga, estaba enfermo o en recuperación. Canutama había tenido varios párrocos no recoletos; ahora estaba desatendida. Cuando fray Florentino pasó por Canutama hacia Lábrea tuvo la impresión de encontrarse en un lugar bastante atrasado moral y materialmente, influenciado por la masonería. La masonería constituía un problema serio, porque estaba muy generalizada y los hombres no se sentían hombres hasta que no eran masones, haciendo gala y vana ostentación de serlo, después de juramentados. Además, en frente de la iglesia vivía amancebado el padre Villa, el mismo que durante tanto tiempo había sido su párroco. Los masones pidieron a fray Florentino la desmembración de la parroquia de Canutama de la prelatura de Lábrea, alegando el abandono casi total en que la habían dejado el Prelado y los padres. La respuesta del delegado provincial fue contundente: que fueran más atentos con el Prelado y los padres, que hicieran salir de Canutama al ex-párroco amancebado, que construyesen una nueva iglesia y que, en cuanto fuese posible, proporcionasen una casa parroquial. Sólo con esas condiciones sería un hecho la residencia efectiva de los padres, «que buena falta les hacía».
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En la selva, con los caucheros
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Vistas las principales dificultades de la misión, el delegado provincial informó sobre la conveniencia de permanecer en Lábrea solamente por tres años: «Tratándose de un servicio incómodo en puesto de sacrificio, sería bueno, por lo animador, garantizar a los religiosos a él destinados, salvo caso de enfermedad o gusto que le hayan cogido, que sólo van por tres años. Los así destinados irán más satisfechos». |