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Comedias y construcciones
Los misioneros organizaban comedias «morales-recreativas-musicales» o «comedias parroquiales». Eran representadas por el personal de la parroquia: Juventud Católica, Hijas de María y Niños del Catecismo. Sus temas eran siempre de carácter religioso y moral con el fin de corregir vicios e imbuir el cumplimiento del deber. Los religiosos pasaban sus ratos libres traduciendo y componiendo piezas adecuadas a las personas y circunstancias. En las recreaciones intercambiaban números escogidos de música, tanto sagrada como profana, y la banda de la Prelatura ejecutaba brillantes composiciones.

Muchas gentes no frecuentaban la iglesia por no poder vestir con decencia. Otros muchos vivían completamente despreocupados en materia de religión. Pero ni unos ni otros se perdían la asistencia a las «ponderadas comedias parroquiales». Se aprovechaba este medio para instruirlos, siendo palpable el fruto cosechado con tales procedimientos.

Sacando algunas piñas

 

Las obras y mejoramientos eran preocupaciones continuas: pozo de agua, jardín, plantaciones, cría de animales, aprovechamiento de luz eléctrica. En 1930, la Prelatura adquirió un generador de energía eléctrica. Durante algunos meses fue movido hidráulicamente. La iglesia, la casa del prelado y las calles de la ciudad fueron iluminadas con esa luz eléctrica.

En 1937 la luz eléctrica llegó a las casas de Lábrea. El ayuntamiento compró un grupo eléctrico. Los padres hicieron las instalaciones, se encargaron de la dirección técnica, del montaje de las máquinas y de su vigilancia, fiscalización y buen funcionamiento. La reparación de las averías también caía bajo su responsabilidad.

El primero en trabajar en la carpintería

 

Idearon y realizaron en los talleres de la Prelatura un faro para el puerto, que consistía en una pirámide truncada. Terminaba en una casita, en la que se encontraba la máquina que accionaba el farol. El reflector era un farol de automóvil giratorio, movido por un aparato de relojería al que unos acumuladores suministraban fluido eléctrico.

En la Amazonia, en la que abunda la madera y escasea la piedra, las casas eran todas de madera y tablas. Pero esas construcciones duraban poco. Por eso, los padres trajeron a un señor práctico en el arte de hacer ladrillos. El carpintero hizo las formas, los religiosos amasaban el barro con los pies, cortaban la leña para hacer el barro y «no se pueden imaginar las ampollas que se nos hicieron en las manos debido a la aspereza del hacha». En tres meses fabricaron 10.000 ladrillos.

La precariedad en las comunicaciones entre la prelatura y el exterior se rompió cuando comenzó a «acuatizar», una vez por semana, en el puerto de Lábrea, la línea aérea de la compañía Cóndor. Después de abastecerse de combustible, retomaba el vuelo hacia el territorio de Acre. No se podía decir lo mismo de las comunicaciones con la Provincia religiosa: nueve años tardó en visitar Lábrea un delegado provincial, y catorce un provincial, el padre Santiago Dolado, lo cual fue resaltado como un gran acontecimiento.
 


Índice

Llegada de los recoletos a Brasil

Nacimiento de la prelatura de Lábrea

Los primeros recoletos en Lábrea

Desobrigas y música

Canutama, termitas y masones

"San Agustín", el primer barco

Protestantes

Enfermedades, pastoral y política

Comedias y construcciones

La casa de Manaus y visita del delegado provincial

Llegada de las recoletas y muerte de fray Ignacio

Excelsa aspiración (Duc in Altum). Poema.