«Por los últimos pueblecitos de esta parroquia en el Bajo Purús hallé unas cuantas familias pervertidas al protestantismo. Llámanse crêntes, y estaban aferrados a sus erróneas creencias. ¡Pobrecitos! Traté de abrirles los ojos a la verdad, hablé con todos ellos, también con los pastores, que son de buen corazón, pero ignorantes, incautos y engañados por un mentiroso enviado de Manaus. Vale que llegamos a tiempo, y enérgicamente desenmascaramos el protestantismo y recogimos buena porción de biblias y libros protestantes, y se convirtieron quince protestantes.
[…] La falta de sacerdotes da lugar a todo, a todo lo malo, a todo lo perverso; y donde Dios no está, allí ha de meter su pata el diablo. ¡Ah, sacerdotes, sacerdotes! ¿Cuándo vendrán más padres a nuestra prelacía?».