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| En el Lago Jacinto, a una hora de navegación desde el puerto de Tapauá, al final de 2002 se inauguró la Casa de Retiros Casiciaco. En mitad del lago un puerto flotante sirve para desembarcar y para bañarse. Una escalera de madera llega hasta la casa de retiros, donde en mitad de la selva se disfruta de un lugar perfecto para charlas de formación y retiros. Gerardo pudo así vivir una experiencia de día de retiro con varias pastorales de Tapauá. |
18 de septiembre de 2004
Hoy ha sido un día de reuniones. Hemos estudiado diversos temas vocacionales con los jóvenes y con los diversos líderes de grupos y movimientos parroquiales. A ellos les he propuesto mi visión de la realidad: en las circunstancias actuales de la Prelatura es prácticamente imposible esperar una vocación a la vida consagrada y celibataria.
La pastoral vocacional, a mi ver, debe aquí preocuparse por temas más básicos y previos a las opciones de vida. El valor de la vida humana, la dignidad de la sexualidad, la importancia de la oración y muchos otros temas “preliminares” a cualquier decisión vocacional son aquí totalmente desvalorizados. El aborto, la prostitución infantil, la gravidez precoz y el distanciamento total de cualquier experiencia religiosa son el pan nuestro de cada día.
Por eso, antes de hacer desde la pastoral vocacional cualquier “búsqueda” de candidatos al seminario o al convento, es necesario preparar el terreno para, en un futuro todavía distante, recoger algunos frutos.
Veo también, con tristeza, la falta de constancia y de coherencia de un gran porcentaje de los pocos laicos realmente ‘comprometidos' en la Iglesia. Las circunstancias geográficas y culturales, el horrible acostumbrarse a la corrupción y la necesidad de subsistir (literalmente hablando) en un ambiente tan opuesto a los valores cristianos pesan más en nuestra débil humanidad que el reto de Jesús a “aspirar los bienes de allá arriba” y a ser sus discípulos cargando su cruz.
Pero, si en la obra de la salvación todo es gracia, no podemos desesperar. Podemos, juntos, preparar la tierra: Organizar nuestra pastoral, proponer valores a los niños y a las familias, enseñar a orar y a disfrutar de los sacramentos, defender, con los laicos, la vida, fiscalizar al poder municipal, santificar nuestra forma de hacer política...
Ciertamente que hay señales de esperanza. El trabajo de nuestros frailes no ha sido en vano. Pero siempre es difícil luchar contracorriente, y hoy esa corriente está barriendo las bases de la fe y de los valores cristianos. Esa, para mí, es la principal dificultad para proponer un estilo de vida que busque la santidad.
Después de exponer al pueblo mi opinión con reflexiones como éstas, y para cumplir el objetivo de mi venida a la misión de Lábrea, propuse, como auxiliar en la organización de una pastoral evangelizadora y socio-transformadora —no sólo sacramentalizadora—, el proyecto diocesano de pastoral vocacional de Tianguá, y animé a los presentes a asumir su papel de laicos en la Iglesia, centrándome en las enseñanzas de Juan Pablo II:
— Hacer de la familia una cuna de valores cristianos.
— Defender la vida bajo cualquiera de sus aspectos y hasta las últimas consecuencias.
— Santificar los ámbitos políticos y económicos y todas las estructuras de las sociedades humanas, participando activamente y llevando a ellas los valores cristianos, los cuales deben iluminar nuestras decisiones.
Fr. Gerardo Aceves Conde, OAR
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