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| En los centros de los municipios (en la foto, en la ciudad de Lábrea) los niños pasan el día por la calle, pues la escuela obligatoria difícilmente dura más de cinco horas diarias. Es fácil que se inicien en el trabajo sin derechos y casi sin salario, o que aprendan antes a delinquir que a escribir. Muchos otros “cheiram cola” (drogarse aspirando el aire de botes de pegamento industrial). Las niñas sufren una situación todavía peor, pues sus trabajas nunca se remuneran y son víctimas de abusos con regularidad o se ofrecen por un poco de comida. |
13 - 17 de septiembre de 2004
Salida de desobriga (visita pastoral a comunidades rurales).
Visitando con Fr. Loreto las comunidades de Cujubim, São Francisco, Vista Alegre y otras del lago Jacinto, he tenido la oportunidad de conocer la forma de trabajo de nuestros frailes en el interior del Amazonas. Su trabajo de evangelización y celebración de sacramentos es realmente pesado, más por el estilo de vida llevado que por el trabajo realizado; es un trabajo ingrato y carente de cualquier gratificación humana, a no ser ver feliz a aquél al que puedes ayudar, consolar o encorajar.
Realmente, si nuestros frailes son felices aquí, si son comprometidos y, a pesar de las dificultades y los pocos frutos del trabajo, se sienten realizados como frailes y como sacerdotes, es porque están aquí por Dios, y sólo por Dios.
De esta experiencia de desobriga me ha llamado la atención, de forma especial, la total carencia de ideales que los moradores padecen. Su alimentación, sus temas de conversación y su vida se reducen al pescado (cada vez más escaso), al Flamengo (equipo carioca de fútbol) , a la selección brasileña y a la harina de mandioca.
Su único deseo es estar con sus parejas, y su sueño ir a Manaos (muchos ni siquiera fueron todavía a la ciudad y hablan de ella como si fuese el lugar más maravilloso del mundo).
Es triste constatar la imagen que tienen del religioso: un extranjero (= rico) que los visita y al que tienen el derecho de pedir cosas.
Se preocupan sólo por el día a día. Por eso es difícil pedirles un compromiso a largo plazo, esperar de ellos puntualidad o constancia o planear un proceso formativo en el que ellos sean protagonistas de su propio crecimiento.
Están tan acostumbrados a pedir , a depender y a ser explotados por los “ patrones ” (los que se dicen dueños de las tierras en donde las comunidades ribereñas se desenvuelven), que se hace casi imposible convencerlos de su derecho y obligación de ser agentes de fiscalización de la autoridad municipal (extremadamente corrompida).
18 de septiembre de 2004
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