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27 de agosto de 2004
— 9:00 —
Ayer se adelantó mi viaje. Por poco lo pierdo.
He pasado la noche en blanco. Demasiadas cucarachas; mucho calor.

Me he encontrado en el barco con un amigo de Fr. Loreto que va con su hijita de tres años a Manaos. Ella tiene la clavícula y el esternón rotos desde que hace dos semanas se cayó de la hamaca. Me ha visto comer una manzana y me ha pedido una mordida. Como Loreto me dio varias manzanas para el viaje, le he convidado a una. “Es la primera manzana que come en la vida” —me ha dicho su papá, con una sonrisa nerviosa por ver que, después de masticar la cáscara, la escupía al río—.


— 12:45 —
El tiempo pasa lentamente. Aproveché la mañana para leer un libro que Fr. Francisco Piérola me había recomendado hacía tiempo y que Fr. Bernardo Cerda e Fr. Jesús Diez citaban mucho en sus clases de teología y que, por casualidad, lo encontré en la biblioteca de Lábrea y allí comencé a disfrutarlo. Como aquí en el barco no puedes hacer otra cosa de provecho que leer, lo terminé, contra mi costumbre, en una sentada. “Honest to God” es su título.

Pasaron las horas sin darme cuenta. El horario del almuerzo (a las 11:30) se pasó sin percibirlo. Ya me había hecho a la idea de tener que esperar a la cena cuando otro amigo de los frailes de Lábrea, que venía viajando en el barco y que percibió que yo era extranjero y que llevaba bordado en la camisa el escudo de la Orden, se aproximó preguntando si ya había almorzado. Ante mi respuesta negativa me convidó a subir al piso superior del barco, en donde había un bar y en donde podríamos comer juntos una hamburguesa.

Conversación va y conversación viene, se juntaron a nosotros tres o cuatro personas más, que, por diversos motivos se interesaron de nuestras pláticas. Una de ellas era un trabajador del Gobierno Federal, encargado de visitar las aldeas indígenas de Lábrea. Comenzó a contarme la vida de la hermana Cleusa Coelho, MAR, admirada, respetada y venerada por muchos indios como verdadera mártir, y recordada todavía con mucho cariño por los que la conocieron. Le dejé terminar. Yo sentía el orgullo de oír hablar de una religiosa nuestra con la pasión con la que ese joven hablaba. Después ‘enchi a boca' (hablar con orgullo, presumir) al afirmar: “Ya sé de esa historia. Yo soy religioso agustino recoleto”.


— 19:20 —
Primero nos dijeron que el barco llegaría a las 18:00 horas a Tapauá. “Já era” (“Acabó”. Expresión que indica algo imposible) . Fr. Javier estará desesperado en el puerto. Nos acaban de informar que, con suerte, llegaremos antes de las 22:00 horas. Como el río está bajo, el barco va muy despacio. Hemos tenido que parar varias veces, o porque la bomba del agua que refrigera el motor se descompone o para que los tripulantes vayan a pescar la cena, sin suerte. Creo que iré a comer otra hamburguesa.

28 de agosto de 2004



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