21 de agosto de 2004
Fueron, a diferencia de lo esperado, pocas las horas de camino. Salimos antes de las siete y regresamos a las tres de la tarde. A las cinco ya habíamos limpiado los tres jabalís y otras tres piezas pequeñas que fueron la comida de los perros que nos llevaron a las presas.
Los jabalís, destazados, serán la comida para los misioneros en la desobriga de Canutama, para la familia del señor Mariano y también mataron, hoy, nuestra hambre.
Para mí fue, sin duda, una experiencia dura, por la falta de costumbre de caminar bajo tanto y tan húmedo calor. El clima es desgastante. Pero también fue bonito ver de cerca el día a día de muchos de los que viven en la ribera del Purús. Si quieren carne, tienen que cazarla en la selva.
Mañana regresaremos a casa. 26 de agosto de 2004
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