-

Desvía hacia su tumba a un grupo de romeros lisiados. Éstos salen curados de San Pietro in Ciel d’Oro
“Hacia el año 912 del Señor, más de cuarenta hombres procedentes de Alemania y Francia, todos ellos muy enfermos, emprendieron una peregrinación a Roma para visitar los sepulcros de los santos Apóstoles. Algunos de ellos hacían sus viajes sirviéndose de un cajón de madera, metidos en él y arrastrándose por el suelo; otros caminaban apoyándose en cayados; los ciegos iban tras los que veían, agarrados a ellos; los paralíticos de pies y manos avanzaban como podían.

Pasada la cordillera [de los Alpes], llegaron a un lugar llamado Carbonera; después, a otro que distaba ya sólo tres millas de Pavía y que se llamaba Cana. Y, al entrar a esta población, vieron que de la iglesia de los santos Cosme y Damián salía un obispo vestido de pontifical. Este prelado, que era san Agustín, pero que ellos no reconocieron, se acercó adonde estaban, los saludó y les preguntó:

—¿Adónde vais?.
—A Roma, le contestaron.

San Agustín les dijo:
—Id a Pavía y, en cuanto lleguéis a la ciudad, preguntad por el monasterio de San Pedro o Cielo de oro, que por este nombre es conocido vulgarmente. Llamad a su puerta y allí hallaréis la misericordia que vais buscando.

Entonces los peregrinos le preguntaron:
—¿Quién eres tú? ¿Cómo te llamas?

Él les respondió:
—Me llamo Agustín. En tiempos pasados fui obispo de Hipona.
Dicho esto, el prelado desapareció.

Los peregrinos prosiguieron su marcha, llegaron a Pavía, preguntaron por el monasterio que el obispo les había indicado y, al enterarse de que precisamente en la iglesia del dicho monasterio se conservaba el cuerpo de san Agustín, empezaron a dar voces y a exclamar:

—“¡Oh san Agustín, ayúdanos!”.

…nada más llegar junto al monumento donde se conservaban las reliquias de san Agustín, sintiéronse repentinamente curados de sus respectivas enfermedades, y adquirieron un aspecto tan saludable cual si jamás hubiesen parecido dolencia alguna”(43).

En la escena de la izquierda, Agustín tiene la mano extendida en gesto de hablar a los lisiados, recomendándoles dirigirse a San Pietro in Ciel d’Oro. Los que antes se ayudaban de bastones y muletas, salen a la derecha ya curados de la iglesia del monasterio, la misma iglesia representada en la escena de la traslación del cuerpo del Santo (cf. supra, nº 9), la misma básicamente que puede verse hoy.


43 Ib., p. 545-546. Sacchi tampoco pudo identificar estas escenas: cf. Agostino e la sua arca, p. 34. Sí lo consigue en parte Majocchi, aunque a través de una carta de Pietro Oldrado (cf. pp. 45-46).

 
Índice

Introducción

La peregrinación póstuma de Agustín

El cofre del tesoro

El mausoleo y su distribución

Intérpretes y estudiosos

Nuestro propósito



Explicación de los paneles
Piso III
Agustín da clases en Roma y Milán

Entre el auditorio de Ambrosio

Visita a Simpliciano. Escena del "Tolle, lege"

Bautismo y vestición de hábito

Funeral de Santa Mónica

Agustín da la Regla a sus monjes

Refuta a Fortunato, que sale de Hipona llorando, y bautiza a los maniqueos convertidos

Traslación del cuerpo de Agustín


Piso IV
Agustín y el registro del Diablo

Al final de su vida, cura a un enfermo

Se le aparece al rector de una iglesia y lo sana. Éste preside, a continuación, la fiesta del Santo

Libera a un prisionero. Lo lleva a beber al río

Cura a una endemoniada

Desvía hacia su tumba a un grupo de romeros lisiados. Éstos salen curados de San Pietro in Ciel d'Oro