Al final de su vida, cura a un enfermo
“Durante su última enfermedad, fue a visitarle un conocido suyo, también enfermo. Y, como éste le rogara que le pusiera una de sus manos sobre su cuerpo y le devolviera la salud, Agustín replicó:
—Pero ¿cómo se te ocurre pedirme semejante cosa? Si yo tuviera esos poderes que me atribuyes, no estaría como estoy; ya habría usado de ellos para curarme a mí mismo.
El forastero, no obstante, insistió en su demanda diciendo, para justificar su insistencia, que había tenido una visión y que en ella se le había indicado que, si quería sanar, acudiese a Agustín.
Entonces, el Santo, conmovido por la perseverancia y prueba de fe de su visitante, oró por él y, en efecto, éste quedó sano”(36).
Aunque al fondo aparece una ciudad, la Hipona sitiada por los vándalos, la cortina que hay delante da a entender que la acción transcurre en un interior. Agustín está en su habitación, en el lecho de muerte, por más que se le represente revestido de sus insignias episcopales. Le atienden dos de sus religiosos. Delante de él, el enfermo de que habla la leyenda parece mostrarle las manos, hinchadas y paralizadas. Con una bendición, el Santo lo cura(37).
36 VORÁGINE, p. 540.
37 Sacchi sólo ve en esta escena la muerte de Agustín. Lo mismo, Agostino e la sua arca, p. 34.
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