Funeral de santa Mónica
“Enterados de lo que ocurría, se dieron cita allí muchos hermanos y piadosas mujeres… Tras levantar el cadáver, lo acompañamos, y luego volvimos sin llorar. Ni siquiera en aquellas oraciones que te dirigimos cuando se ofrecía por ella el sacrificio de nuestro rescate, con el cadáver al pie de la tumba y antes de su inhumación, según costumbre de allí, ni siquiera en estas oraciones, repito, lloré…”(30).
El cuerpo aureolado de Mónica es conducido a hombros de religiosos hacia la iglesia de santa Áurea, en Ostia, donde reposará durante siglos. Agustín, vestido también él de monje, acompaña los restos de su madre. Con él están tres seglares, de los cuales dos pueden ser Adeodato y Evodio, mencionados en las Confesiones(31).
30 Conf., IX, 12, 31-32 (p. 302).
31 Ib., IX, 12, 29-31.
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