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Entre el auditorio de Ambrosio
“Sus elocuentes sermones [de Ambrosio] proporcionaban generosamente a tu pueblo la flor de tu harina, la alegría de tu aceite y la sobria embriaguez de tu vino. Yo ponía todo mi interés en escucharle cuando hablaba al pueblo… Estaba pendiente y suspenso de sus palabras… Disfrutaba asimismo de la suavidad de su discurso…”(23).

“[Mónica] acudía con mayor entusiasmo a la iglesia, quedando extasiada ante los labios de Ambrosio como ante un surtidor de agua viva que brota hasta la vida eterna. Amaba a aquel hombre como a un ángel de Dios…”(24).

El joven Agustín escucha a san Ambrosio, obispo de Milán, que está predicando, con gesto elocuente; nótese la aureola de uno y otro. Acompaña a aquel, seguramente, su amigo Alipio, que sería el personaje que se sienta a su derecha. Muy posiblemente está representada también santa Mónica, en la mujer que se cubre la cabeza al pie del púlpito.


23 Ib.
24 Ib. VI, 1, 1 (p. 164).


 
Índice

Introducción

La peregrinación póstuma de Agustín

El cofre del tesoro

El mausoleo y su distribución

Intérpretes y estudiosos

Nuestro propósito



Explicación de los paneles
Piso III
Agustín da clases en Roma y Milán

Entre el auditorio de Ambrosio

Visita a Simpliciano. Escena del "Tolle, lege"

Bautismo y vestición de hábito

Funeral de Santa Mónica

Agustín da la Regla a sus monjes

Refuta a Fortunato, que sale de Hipona llorando, y bautiza a los maniqueos convertidos

Traslación del cuerpo de Agustín


Piso IV
Agustín y el registro del Diablo

Al final de su vida, cura a un enfermo

Se le aparece al rector de una iglesia y lo sana. Éste preside, a continuación, la fiesta del Santo

Libera a un prisionero. Lo lleva a beber al río

Cura a una endemoniada

Desvía hacia su tumba a un grupo de romeros lisiados. Éstos salen curados de San Pietro in Ciel d'Oro