Intérpretes y estudiosos
A tenor de lo visto, no puede decirse que el arca haya cumplido a satisfacción la finalidad para la que fue construida. Han pasado más de seis siglos desde su acabamiento, y sólo durante dos ha contenido los restos de Agustín: de 1739 a 1785 y desde 1900 hasta el día de hoy, en San Pietro in Ciel d'Oro; y entre 1832 y 1880, más o menos, instalada en la catedral de Pavía.
Pero no es sólo eso. Por más que cueste creerlo, durante siglos este impresionante monumento ha pasado sin pena ni gloria, prácticamente ignorado dentro y fuera de Pavía. Lo constataba, ya en 1832, Defendente Sacchi.
“Cuando vi por primera vez el arca de san Agustín que está en Pavía, mi ciudad -escribe-, por más que estuviese desmontada, me pareció un monumento tan grandioso y de tanto trabajo como para honrarse de él cualquier ciudad más rica en objetos de arte. Sin embargo, nadie había hablado de ella: no sólo los estudiosos del arte italiana, sino ni siquiera los de temas locales de Pavía”(15).
Sacchi es el gran estudioso del arca de san Agustín. Lo fue no por propia iniciativa, sino por encargo del obispo de Pavía, monseñor Luigi Tosi, que de esta forma quiso solemnizar la colocación de los restos del Hiponense en su monumento funerario, una vez que éste había sido instalado ya en capilla propia dentro de la catedral. Sacchi dio a luz entonces una sólida monografía que incorporaba y explicaba una colección de litografías del arca. Le cabe el mérito -esto es indudable- de construir partiendo de cero, así como el de divulgar fuera de Pavía los detalles de una obra apenas conocida. Pero también es de justicia reconocer que no siempre estuvo acertado en la identificación de escenas y personajes, como iremos señalando.
La otra obra clásica sobre el tema tiene también carácter conmemorativo. Fue editada en 1900, coincidiendo con el traslado a San Pietro in Ciel d’Oro tanto de las reliquias como del sepulcro. Su autor es el sacerdote Rodolfo Majocchi, conservador a la sazón del Museo de Historia Patria de Pavía. Casi toda la extensión de este volumen de gran formato, la ocupan las 35 espléndidas tablas que reproducen fotográficamente los detalles del arca. La introducción, con todo, es densa, y en ella sigue a Sacchi en lo iconográfico –incurriendo en sus mismos errores(16)-, al tiempo que lo completa en los datos históricos y artísticos.
La obra más importante desde el punto de vista iconográfico es, sin lugar a dudas, la titulada Iconographie de Saint Augustin, que firman Jeanne y Pierre Courcelle. Entre los dos forman un equipo completo y bien articulado: la primera es historiadora del arte y arqueóloga, y el segundo es sobradamente conocido como agustinólogo y especialista en las Confesiones. Son cinco volúmenes que revisan con ojo experto los principales ciclos iconográficos agustinianos de los siglos XIV-XVIII. Uno de ellos es el que nos ocupa; lo estudian en el primer tomo(17). Sin desentenderse de consideraciones artísticas, centran sus esfuerzos en el estudio de la iconografía, a partir de las fuentes literarias que inspiraron a los artistas. Ésta es su gran aportación, especialmente valiosa cuando se trata -cosa nada rara- de leyendas medievales hoy día olvidadas. Este volumen de los Courcelle es el que normalmente hemos seguido.
Recientemente, al cumplirse 100 años del regreso de las reliquias a San Pietro in Ciel d’Oro, la comunidad agustina de Pavía ha publicado el lujoso volumen que mencionábamos al comienzo: Agostino e la sua arca. En contra de lo que cabía esperar, esta obra no hace un estudio de las escenas representadas y su significado. Se limita a entresacar los textos de Sacchi sin discutirlos ni comentarlos, e ignorando del todo el estudio de los Courcelle(18). Básicamente, se trata de una recogida de espléndidas fotografías, que permiten apreciar con todo lujo de detalles la belleza del arca(19).
15 Cit. en Agostino e la sua arca, p. 11-12.
16 Un caso extremo, por lo elemental, es la identificación de la figura que, desde la bóveda del sepulcro, se abalanza sobre la estatua yacente de Agustín. En un primer momento, Majocchi declara, siguiendo a Sacchi, que se trata de Dios Padre (cf. p. 31). Poco después, se ve obligado a corregir lo que es obvio, para reconocer que la figura representa “al Salvador (y no al Padre Eterno, como he dicho en la descripción, fiándome del Sacchi más de la cuenta…” (p. 33; cf. p. 37).
17 Jeanne COURCELLE – Pierre COURCELLE, Iconographie de Saint Augustin. Les cycles du XIVe siècle, Paris 1965, pp. 61-72 y láminas LIII-LXX.
18 Cf. pp. 25-35.
19 No se puede decir, con todo, que haya en esta obra un catálogo fotográfico completo y sistemático de los relieves que aquí nos interesan.
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