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El blog de un misionero en Sierra Leona: del 22 al 24 de marzo.
De camino a Freetown, un autobús con cuatro cabras en el techo. Y guardaban el equilibrio perfectamente.


El blog de un misionero en Sierra Leona: del 22 al 24 de marzo.
07-04-2006 Otros Países
José Luis parte para Freetown con el ánimo de encontrarse con Casimiro. Sin embargo, el viaje del coreano se complica. Al menos consigue el coche nuevo, un Toyota que disfruta como “niño con zapatos nuevos”.
• Miércoles, 22 de marzo
del 2006: Casimiro is coming


Lo que me temía: las 9 de la mañana se convirtieron en las 12 del mediodía. Cuando llegaron a por mí, me encontré con una persona sentada al lado del conductor. Le recordé que le había pagado con antelación los dos asientos:

Como era el Pastor, y solo va hasta Makeni…, me dijo.
Vaya, lo que me quieres decir es que el Pastor viaja gratis a mi costa.
Todo sea por el ecumenismo, Dios mío.

El viaje, eterno. En cada aldea paran y discuten hasta la extenuación el precio de cada pasajero, dependiendo del equipaje que lleve. Y el equipaje suele ser un par de galones de mampa, un gallo, casava, un atillo de ropa, carbón porque por aquí es más barato, aceite de palma… Todo cabe.

Vamos 22 y os juro que es una de esas camionetas para 9 pasajeros. Y os recuerdo que adelante solo vamos el chofer y un servidor.

En Masika hay un control de tráfico y se han bajado seis para pasarlo a pie y subirse al otro lado del pueblo. Parece que 16 si es un número aceptable. Perdón, que me olvido de los gallos: somos en esos momentos 16 personas y 7 gallos.

Voy medio dormitando por el efecto de las pastillas. En una de esas miradillas entre sol y sombra que echa uno a la carretera, me parece alucinar. Pero no, me restriego bien los ojos y veo inmediatamente delante de nosotros otra camioneta con seis cabras en el techo. Esto no se lo pueden perder mis amigos, pienso, y les saco una fotografía. Lástima que, por el movimiento, la calidad no puede ser muy buena, pero de todas formas os la mando.

He llegado a Korean Guest House a las 7 de la tarde. He hablado con Casimiro. Le cuento que estoy entregando los sacos de arroz.

— ¿Les pides los 15.000 leones del transporte?, me pregunta.

¡Vaya con el coreano!, veo que sigue “normal”, que los médicos no me le han dañado el cerebro. Me dice Rafael que cada pedazo de jamón que envuelve y esconde en la maleta, sonríe y dice:
—José Luis happy (feliz), José Luis happy.

Como podéis comprobar, el cariño es mutuo, ja,ja,ja. Y no me preocupo, porque sé que pasará con todo. Antes le arrancan una mano que quitarle nada de lo que trae. ¡Si lo conoceré yo!

Mañana temprano os mandaré estas notas y algunas fotografías. Creo que poquito a poco vais conociendo todas las pequeñas y sencillas cosas que forman parte de nuestro diario vivir: las gallinas, el gallo Kamanameh, la malaria falciparum, el four-oclok, las arañas, Fatu y Medo, nuestro sastre “Taylor” Taintain Kargbo, las batas, Bobo y Adama, la cobra, nuestros proyectos, el “virus desconocido”, los pikines

Pero, como casi siempre, las mejores instantáneas se quedan en el alma sin poder materializarse. Es allí donde van dejando huellas, cicatrices de alegría o de dolor. Es allí donde van construyendo, en silencio, ese álbum interior, imposible de mostrar, transformándose en sangre de tu sangre, en tu propia vida...

¿Cómo fotografiar los sueños, las luchas, la alegría, la ilusión quebrada a veces de un pueblo que ansía la paz? “Lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve con el corazón”, decía Antoine de Saint-Exupéry en El Principito.

Y sigo pensando que el vivir entre este pueblo, el tener el privilegio de ser testigos directos de sus luchas y esperanzas, de su dolor y de su alegría, bien merece el precio que debemos pagar.

Os dejo, voy a intentar descansar porque quiero estar mejor mañana. En nuestro próximo viaje os contaré el reencuentro con el coreano. Como dicen en las novelas, no os perdáis los siguientes capítulos, que prometen ser sonados.

Nunca podrá imaginarse nadie las ansias con las que espero el poder volver la cabeza y ver a un hermano Agustino Recoleto a mi lado. Y desde la experiencia lo digo: uno solo en la misión durante un mes, nunca más, por favor, aunque sea navarro, chulo y cabezón.


• Jueves, 23 de marzo del 2006.

He recibido un mensaje de texto del coreano.

— I’m in the airport now, and everything is ok. See you later. (Estoy en el aeropuerto —Madrid Barajas— y todo va bien, nos vemos luego).

Estoy impaciente y me voy al café internet para matar el tiempo y de paso enviaros las últimas notas con las fotografías. Físicamente no me siento muy bien que digamos, pero estoy un poquito más animado y me voy a comer al restaurante chino de costumbre.

Allí recibo una nueva llamada de Casimiro desde Bruselas. Su avión se retrasó, y no pudo hacer la conexión para volar a Freetown.

Menudo jarro de agua fría. El está desesperado e intento calmarle. Me cuenta las alternativas que Iberia le presenta, y le aconsejo la segunda, o sea, que se vuelva a Madrid y que lo intente en el próximo vuelo. Llamo a Rafael Mediavilla, y le doy la buena nueva pidiéndole que recojan a Casimiro en Barajas.

No me queda más remedio que hacer de tripas corazón y ver la mejor manera de solucionar el embrollo. Por lo pronto, llamo a Sophian para que se apure con el coche nuevo. Lo necesito para volverme a Kamabai.

Había pensado quedarme en Freetown descansando, pero el sábado es la fiesta de Magbonso, y prometimos bautizar ese día a los 22 catecúmenos que llevan todo el año preparándose, caminando varias millas para asistir a las pláticas.

Sé la ilusión que ha puesto el catequista Albert, y los sacrificios y desplazamientos nocturnos en bicicleta que ha debido hacer para prepararlos. ¿Cómo le digo que me siento un poco enfermo y que no puedo ir, si él ha pedaleado con fiebre bajo la lluvia?

A las 5 de la tarde me llama Sophian diciéndome que tiene el coche listo, que vaya antes de que cierren. No me lo puedo creer. Vuelo hacia Caritas Makeni y, por fin, tengo en mis manos las llaves de un Toyota HiLux 2.8 D, doble cabina, precioso. Hasta el dolor de cabeza se me ha quitado y decido irme a cenar a Roy.

Es increíble: luces, aire acondicionado, música… Además, funcionan las agujas que marcan el diesel y la velocidad. Esperad que no he terminado: dirección asistida, marcha reforzada para escalar montañas, no lloran las marchas cuando cambias de velocidad… Ay vaaaaaaaaaa. Por un momento, casi me olvido de las desventuras del coreano.

Me llaman de Madrid diciéndome que ya tienen en las manos a Casimiro. Hablo un ratico con él y veo que tiene un rebote encima contra Iberia, Bruselas…, y el mundo entero, de aquí te espero.

Me decía Rafael que volvía con el hígado un poquito inflamado todavía, pero creo que se le ha terminado de reventar en Bruselas. Tan cabreado estaba que me pide que tenga cuidado en la Korea Guest House.

— Casimiro, que me estás pidiendo que no me fíe ni te tu gente, le digo.
— Take care, take care of everybody, no chingaderas (que no me fíe ni de mi sombra, vamos, me está diciendo).

Me comenta que vuela el domingo, y que pase a recogerlo a las 5:30 p.m. Me parece excelente, porque así me da tiempo a decir la misa en el santuario.


• Viernes, 24 de marzo del 2006.

He ido al café Internet porque ayer no logré enviaros las fotografías. He chateado un poco con Rodrigo y me ha pasado los nombres de los delegados al Capitulo Provincial. Está visto que el Espíritu Santo sigue soplando por donde le da su real gana.

También me comenta que me envían 9 kilos más de coreano. O sea, que me han revalorizado a Casimiro, y si lo vendo a peso saco más dinero. Come como una lima, dice, y ha dejado Madrid sin existencias de pulpo. No os preocupéis, que en el mismo tiempo se queda aquí como un pincel de fino.

Los coreanos de la Guest House me han regalado unos pescados, han estado admirando un rato mi coche nuevo, y me lo han lavado. A mi me cuesta respirar de chulo, y hasta me he puesto pantalones nuevos para no manchar los asientos.

Yo sé que siempre se puede tener un accidente, es decir, algo fuera de lo común. Pero es que para nosotros lo accidental se había convertido en parte sustancial de nuestros viajes a Freetown.

Ahora es una delicia conducir relajado y seguro. Vaya, os lo voy a decir, que me he presentado en Kamabai en 3 horas y 14 minutos, parando a comprar tarjetas y pan en Makeni. ¡Guauuuuuu! Y bien fresquito con el aire acondicionado.

Cuando he entrado en la misión me ha mirado el Land Rover amarillo como diciendo: ¿y ése, quién es? Hasta celoso creo que se va a poner.

Me he pegado una ducha y me he ido a recoger a los trabajadores de la escuela de Kanikay. Los de los pozos de agua querían que volviese hasta Bandankoro para trasladarlos a otro poblado. Con la mirada que les he pegado me han entendido perfectamente.

— Si supieseis español os contaría el chiste de la escoba, que a mi amigo José Felix le gusta mucho, les he dicho.

Tengo todavía un poquito de fiebre, así que os dejo porque mañana me espera un día movido.



Cómo ver el resto del blog de José Luis Garayoa

Desde su llegada a Sierra Leona, a finales de septiembre de 2005, José Luis Garayoa ha mantenido al día una especie de “cuaderno de bitácora” que publicamos en esta página bajo el epígrafe de “Blog de un misionero en Sierra Leona”. Los primeros capítulos fueron publicados como reportajes y puedes acceder a ellos en los siguientes enlaces:


Primer reportaje: hasta el 10 de octubre de 2005.
Segundo reportaje: hasta el 12 de diciembre de 2005.


A partir del 16 de diciembre de 2005, sus comentarios son publicados como noticias dentro de una sección propia, a la que puedes acceder desde el Menú Noticias, subsección “Blogs de misioneros” o pinchando aquí.






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