español português english email
El blog de un misionero en Sierra Leona: del 8 al 11 de marzo
Medo y Fatu, los amigos de los misioneros.


El blog de un misionero en Sierra Leona: del 8 al 11 de marzo
28-03-2006 Otros Países
Medo acompaña a José Luis a Freetown. Allí cambia dinero con Bassan para la escuela de Kanikay y tiene unos cuantos altercados con el tráfico y con un policía que anda detrás de un soborno.
• Miércoles, 8 de marzo del 2006

Medo se ha empeñado en venir conmigo a Freetown. Me dice que, en caso de emergencia, estoy mejor acompañado, y que él se quedará con unos amigos a los que hace tiempo que no visita. Le digo que sí porque, además, pienso cambiar 20.000 dólares y es mucho dinero para llevarlo yo solo al hombro.

Me he instalado en Korean Guest House y me he puesto un poquillo nostálgico recordando el karaoke y la despedida de Edgar.

Sophian ha devuelto el millón que dejamos de depósito cuando contratamos el transporte del contenedor, lo que me permite hacerme una idea real de lo que nos ha costado traer el contenedor a Kamabai.

Y digo nos ha costado, porque el envío se pago con dinero de la cuenta de Sierra Leona. Y está bien, pero me encantaría que se buscase financiación para el envío de próximos contenedores. O sea, que los útiles escolares nos los pongan en Kamabai, no en Barcelona. Eso sí que sería una buena ayuda.

Para que me entendáis. Es como si yo llamo a Madrid y os digo que he agarrado 10.000 dólares de vuestra cuenta (ese fue el costo total del contenedor) para enviaros de regalo un contenedor con planchas típicas de esas que funcionan con carbón, cocos y plátanos. Ya me imagino la cara del procurador.


• Jueves, 9 de marzo del 2006

He ido con Pa Manso a reunirme con Bassan, el libanés. Me ha demostrado con documentos que él siempre ha intentado ayudar de diferentes formas a la misión, pero que si lo que quiero es un cambio preferencial, que me lo da sin problemas.

Me ha dado 5.000 dólares en moneda americana, y me ha cambiado los otros 15.000 a 2.950 leones por dólar. Vaya hombre, y yo criticándolo y poniéndole como el palo de un gallinero. Desde aquí mi sincero arrepentimiento, y me como entre pan y pan todo lo escrito sobre su persona hasta ahora.

Gracias a Dios que vino Medo conmigo porque casi no podía con la mochila llena de leones. De ahí me he ido a conocer al cónsul español, Daher D. Yazbeck. Es un encanto, dueño de la Agencia de Viajes IPC, y libanés (faltaría más).

Nos hemos tomado unos cafés juntos, y me ha pedido que le explicase qué es lo que podía y no podía hacer un cónsul honorario. Se lo he traducido del Manual que les entrega el Gobierno español. Resultaba curioso ver la bandera de mi tierra, el mapa, pósters de turismo…, y nosotros hablando en inglés.

Una de las cosas que he descubierto hoy con nuestro cónsul honorario ha sido que eso de la Unión Europea y sus estrellitas sobre azul intenso queda muy bien en las pegatinas de nuestros coches, pero que en la práctica, a un ciudadano europeo perdido por Sierra Leona, o sea yo, no le sirve para nada (casi se me escapa la expresión típica que un mexicano usaría en estos casos).

Ni el cónsul alemán, ni el francés quisieron echar una mano en asuntos legales. Y el inglés me dijo que tenían un sistema jurídico muy diferente al nuestro. Ya querrían ellos tener solo diferente el sistema jurídico. Además, que eran diferentes me lo enseñaron desde crío con ese famoso slogan “España es diferente”. Faltaría más.

Me llamó siempre la atención la facilidad con que en Sierra Leona la gente hace “del uno” donde le pega la gana. Incluso las mujeres no pierden demasiado el tiempo en buscar un lugar discreto. Pues bien, hoy vi lo único que me faltaba por ver en la vida, creo yo: un tío echándose un pis en el Cotton Tree, el árbol de la libertad.

Hombre, lo cierto es que si los más insignes Presidentes se han limpiado habitualmente el trasero con la libertad y los derechos humanos, un pis más o menos en el arbolito-símbolo no creo que tenga demasiada importancia. Lástima de cámara a mano, porque la foto no tenía desperdicio y era de concurso.

He hablado con Casimiro y se le ve contento. Incluso ya sabe alguna palabra más de español: sí, sí, sí…, no, no, no…, muchassss graciassss, chorizo, moto sierra, pacharán, adiós, y jamón. Ya me imagino nuestras conversaciones en el idioma de la madre patria. Me dice Rafael que no sabe si le han hecho más efecto las medicinas, o el jamón y las alubias que se mete entre pecho y espalda. Yo me inclino por lo segundo.

Por la noche, y por recomendación de familia y amigos, una buena cena en Roy: barracuda (clase de pescado) con patatas fritas y una tónica. Y en cuanto aparezco por la puerta, lo comienza a preparar el cocinero. Siempre como lo mismo.


• Viernes, 10 de marzo del 2006

He pasado el día haciendo unas compras por Freetown, y en el café Internet enviándoos las ultimas fotos y anécdotas. La velocidad era desesperante, así que se me han ido un montón de horas haciéndolo.

En Cáritas Makeni de Freetown me he quedado sin frenos y le he pegado un buen meneo a uno de los carros aparcados. Era nuevo, pero no el del obispo, cosa que me hubiese encantado. Y no le hice gran cosa, a pesar de que “mi” land rover amarillo es fuerte como un tractor.

Ha salido Henry, el chofer del obispo, gritándome que en qué estaba pensando. Le he dicho que mejor no le decía todo lo que pensaba porque iba a haber más que palabras. Y que le cambiaba su coche por los dos míos para que pasease al obispo un día en cada color.

El segundo lo he embestido enfrente de Comium. Iba yo despacito, en primera, cuando un atarantado, desesperado por mi velocidad, me ha adelantado y ha frenado en mis mismas narices. Yo lo intenté evitar pisando varias veces el freno, pero que si quieres arroz Catalina: ¡cataplummm!, en todo el trasero.

Se ha bajado diciéndome de todo en kriol. Y esta vez si que solté toda la adrenalina acumulada durante un mes. Me he despachado en español y no me he olvidado ni uno solo de los tacos del diccionario del bueno de Cela. Lo único que le dije en inglés fue que no tenía frenos y que él se me plantó delante sin luces de frenada.

Gracias a Dios pude llegar al taller sin embestir a nadie más. Dicen que me lo entregan mañana temprano. Esperemos en Dios que sea cierto.

Y no critico a mi pobre Land Rover amarillo porque me está dando un servicio increíble para la edad que tiene. ¿Recordáis aquella canción de ”Tengo un tractor amarillo, que es lo que se lleva ahora”? Pues esa es la que le tarareo yo a mi viejo Land Rover.

Me he ido pronto a descansar porque tenía un dolorón de cabeza y me sentía realmente cansado. Conducir en Freetown agota a cualquiera. Y más si vas en un auto de choque. He agarrado un taxi y me he reído con ganas: primero ha bajado de él una persona con una cabra. Tuve la tentación de preguntarle al tipo si la cabra viajó gratis o pagó los 700 leones de rigor. ¡Vivir para ver!


• Sábado, 11 de marzo del 2006

Se me han ido un montón de leones comprando en Freetown Supermarket, pero es que tenía la despensa bajo mínimos. Y he comprado un par de botellas de vino y una de sangría, sin mirar el precio, para cuando venga el coreano.

Cuando estaba cargando el carrito, me ha entrado una llamada de Raúl y Rene desde Filipinas. Ni se imaginan el gustazo que me ha dado hablar con ellos. Lo mejor de todo es que me dice Rene que vuelve.

Me pregunta si creo conveniente que se quede haciendo ejercicios una semana más, y le digo que aproveche todo lo que pueda, que con saber que lo tenemos por aquí a finales de Abril me basta y me sobra. Esto ya va tomando color otra vez. ¡Biennnnnnnnnnnnnnn!

En el mero centro de la ciudad me ha parado un policía, me ha hecho aparcar a un lado y me ha pedido la licencia de manejar. Hasta ahí todo bien. Se la he dado, y me ha solicitado que le acompañase al puesto de policía que estaba cerquita. En el camino me ha pedido 50.000 leones para dejarme ir.

Quien me conoce bien, se puede imaginar la que monté en plena vía pública. Medo vino rápido al oírme gritar para echarme una mano en caso necesario, pero lo tranquilicé diciéndole que le tradujese al kriol todo lo que saliese de mi boca.

El policía me dijo en kriol:
—A sabi English (yo sé inglés)
— You sabi English? Then listen to me fine, fine (¿Sabes inglés? entonces escúchame bien). ¿Ves esa bolsa? Son 44 millones de leones para ayudar a la gente pobre de tu pueblo. ¿Y tú les quieres robar 50.000? Mira, estoy cansado, tengo prisa, y no estoy de muy buen humor, así que dame tu licencia de policía con nombre y número. Después, me firmas un recibo por los 50.000 leones que te voy a dar, porque quiero llamar a un amigo de la casa presidencial y que me consiga una cita con tu jefe. Yo conozco mis derechos constitucionales.
— Why are you asking me for the police license? You can see my uniform.
(¿Por qué me pides la licencia de policía? Puedes ver el uniforme), me dice.
— Porque yo me puedo comprar una camisa como la tuya en el sastre de Kamabai, le respondo.

Se quedó pálido, me devolvió la licencia de manejar, y me dijo que todo estaba bien. ¡Ah!, y siguió robando a toda esa pobre gente que viaja de cualquier manera en las camionetas de deshecho, y que no se atreve a hablar por miedo al uniforme.

Medo se quedó mirándome alucinado mientras nos subíamos al Land Rover y reanudábamos la marcha.

— Lo go (vamos), le dije en kriol.
— Tenemos que aprender a defendernos así, comentó él.

Cuando llegamos nos dieron malas noticias. El velador vio salir a alguien de nuestra casa por la noche, pero no lo pudo reconocer. La gente está investigando. Yo hacía tiempo que notaba algo extraño en la casa. Me daba la sensación de que alguien entraba a mi habitación en mi ausencia.

Antes de salir para Freetown quise recoger las llaves de la habitación de Edgar, pero no estaban en la puerta. Cuando regresamos me las encontré colgando de la cerradura. Lo que está claro es que el ladronzuelo es alguien que conoce muy bien nuestra casa y nuestras costumbres.

Al hacer las cuentas he descubierto que se ha llevado alrededor de 2 millones de leones, ropa de deporte, y útiles escolares. Por lo pronto ya he cambiado la cerradura. Menudo sermón les espera el domingo.




Cómo ver el resto del blog de José Luis Garayoa

Desde su llegada a Sierra Leona, a finales de septiembre de 2005, José Luis Garayoa ha mantenido al día una especie de “cuaderno de bitácora” que publicamos en esta página bajo el epígrafe de “Blog de un misionero en Sierra Leona”. Los primeros capítulos fueron publicados como reportajes y puedes acceder a ellos en los siguientes enlaces:


Primer reportaje: hasta el 10 de octubre de 2005.
Segundo reportaje: hasta el 12 de diciembre de 2005.


A partir del 16 de diciembre de 2005, sus comentarios son publicados como noticias dentro de una sección propia, a la que puedes acceder desde el Menú Noticias, subsección “Blogs de misioneros” o pinchando aquí.






¿Y tú que opinas?

menu portada noticias reportajes agenda documentos nosotros material gráfico misiones escribenos intranet Entra y verás
Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. Paseo de la Habana, 167. 28036 -Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Política de privacidad.
Búsqueda.