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Navidad 2017: “Cayendo de rodillas, lo adoraron”


Navidad 2017: “Cayendo de rodillas, lo adoraron”
25-12-2017 España
Este óleo en que se representa a Jesús niño es obra del agustino recoleto David Conejo. Su belleza invita a la admiración y, desde la fe, a la adoración del misterio, del Emmanuel –Dios con nosotros–. David explica personalmente el significado del cuadro y el proceso de su creación. Las fotografías que acompañan a esta noticia son de pinturas del mismo autor.

Explicación del cuadro

La imagen nos ofrece una representación del niño Jesús en su Natividad, en la cual se adivina la intención de evocar la tradición iconográfica oriental, con sus fondos dorados que representan la divinidad y la dimensión espiritual. La referencia a esta tradición milenaria, la cual no perseguía el realismo, sino que conservaba únicamente los elementos necesarios para presentar las realidades de fe, contrasta con el realismo con que se ha retratado la figura del pequeño Jesús. Este elemento quiere conjugar la riqueza de la espiritualidad oriental con la occidental, con su inclinación a buscar elementos tangibles y concretos para satisfacer las exigencias de su mentalidad, más proclive a racionalizar sus experiencias, incluida la de la fe.

El hilo conductor de la pintura, que he titulado "Emmanuel", es la etimología de la palabra "Belén": Casa del pan. De ello nos hablan, en primer término, las espigas de trigo que rodean al infante, pero también un elemento que podría pasar inadvertido: El niño está envuelto en lienzos blancos, que recuerdan la blancura del pan, la pureza, y lo muestran como "pan" listo para ser servido y presentado a la mesa de los convidados al banquete del Señor. El niño, además, está fajado, lo cual, además de obedecer a una antigua costumbre que se tenía con los recién nacidos, aparece de esta forma para recordar que es él quien un día será amortajado para la sepultura, una vez consumada su pasión y muerte. A la meditación del sacrificio del cordero inocente también nos conduce el símbolo de las espigas, que deben ser trituradas para convertirse luego en pan que sacia a los hambrientos.

Las espigas, a su vez, están acompañadas por cinco amapolas rojas. Estas flores crecen comúnmente en los campos de trigo y, al florecer en primavera, se relacionan con el tiempo de Pascua. Entre otros significados, la amapola además simboliza el amor perenne y la vida que no puede ser aprisionada, ideas que fácilmente asociamos a la resurrección de Jesús. Su número corresponde con las cinco llagas del Señor, que él quiso conservar después de su resurrección. Aquí aparecen entrelazadas con el trigo, dando a entender que el sacrificio de Cristo no es una muerte infructuosa, sino que lleva en sí el germen de la vida. 

El nimbo cruciforme, típico de las representaciones de Cristo Pantocrátor, nos deja ver dos de los brazos de la cruz. Este símbolo indica que ese pequeño niño, Dios y hombre verdadero, es aquel que ha sido constituido Señor y Salvador de todo lo creado. Por último, la estrella de ocho puntas hace referencia al pasaje de los magos, quienes vieron en ella el signo del nacimiento del Redentor, y los hizo salir de su tierra para buscarlo y adorarlo. La estrella, que en esa ocasión mostró dónde estaba Jesús, es también un símbolo común para representar a la Virgen Madre, en cuyo seno se encarnó el Redentor y que, como lo hizo la estrella, nos guía hoy hacia su Hijo Jesús, el Emmanuel prometido desde antiguo, Dios en medio de su pueblo para la salvación de todos los que lo buscan con fe y esperanza.


Proceso del cuadro

La propuesta se dio hace cerca de un año, cuando se me habló de realizar alguna portada para OAR al habla de la Navidad de 2017. Aunque de inmediato comencé a darle vueltas, no logré concretar nada, pues me encontraba realizando el cuadro de santa Magdalena y la pintura con la que participé en una exposición temática sobre el fuego en Madrid. Sabiendo que ya el tiempo apremiaba, mi intención primera de pintar la natividad completa fue decayendo hasta que pensé en presentar únicamente al protagonista de esta fiesta, rodeado de símbolos que nos ayudaran a meditar no solo el misterio celebrado en la Navidad, sino la vida y misión de Cristo en su conjunto. Fue entonces cuando se materializó la idea que ahora presento.

Después de las búsquedas de referentes, rostros de niños y demás elementos, comencé la obra a inicios de octubre, y la he finalizado cerca de mes y medio después.

La pintura está realizada enteramente al óleo, sobre tabla preparada y dorada con pan de bronce. Mide 50x65cm.




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