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Especial Año de la Santidad: ¿Qué es para ti ser santo? • Antonio, JAR Chiclana


Especial Año de la Santidad: ¿Qué es para ti ser santo? • Antonio, JAR Chiclana
08-10-2017 España
Durante los próximos domingos, AgustinosRecoletos.org va a llevar a cabo un especial Año de la Santidad, que terminará el próximo 13 de noviembre, clausura oficial de este evento espiritual de la Familia Agustino-Recoleta. Hemos preguntado a miembros de las JAR de todo el mundo qué significa para ellos ser santo. En nuestra primera entrega, la visión desde JAR Chiclana.
Soy Antonio Vázquez, coordinador de los Jóvenes Agustinos Recoletos (JAR) de la parroquia de San Sebastián, en Chiclana de la Frontera (Cádiz, España). Para mí la comunidad parroquial, las JAR y los religiosos agustinos recoletos con los que he tenido la oportunidad de encontrarme han significado en mi vida de fe y personal un continuo crecimiento y formación.

Desde los 16 años estoy en contacto con los jóvenes de la parroquia, empezando entonces a ser catequista de confirmación. Es importante y bonito echar la vista atrás y ver cómo el Señor ha tocado mi vida, ha ido amoldándola y guiándome, galardonándome con el don de la fe y permitiendo que satisfaga ese deseo ardiente de evangelizar en su nombre.

El carisma agustino recoleto y, especialmente, la particularidad de su vida en comunidad, han sido muy relevantes para crecer en Cristo. He experimentado cómo al compartir mi vida con otros jóvenes como yo, con mis mismas inquietudes y esperanzas, apoyándonos unos en otros y remando todos juntos contra la sociedad, se puede buscar y llegar a tener un encuentro con Dios más fácilmente.

Gracias a Dios he podido disfrutar de la Jornada Mundial de la Juventud tanto en Madrid como en Cracovia, compartiendo en esta última algunos ratos con otras JAR de España.

Para mí un santo es aquella persona que sigue de manera fiel el ejemplo y el camino de Cristo: Él es el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino por Él. ¡Qué mejor manera de alcanzar el cielo que siendo como Él, buscando siempre la santidad, amar al prójimo, tener un corazón misericordioso como Jesús, y siempre con una especial constancia y profundidad en nuestra oración con Dios!

Recuerdo que en una de las charlas que tenía un religioso agustino recoleto con los JAR y los coordinadores en Chiclana, nos decía que él había tenido la suerte de conocer durante su vida a alguna que otra persona que, finalmente, fue beatificada o santificada y que en todos ellos se resumían los mismos aspectos: alegría contagiosa, sinceridad en su vida y predicación, sencillez en la mirada, gestos y charlas…; pero sobre todo, el amor que le tenían a Cristo y la Iglesia en general y al prójimo en particular.

Todos estamos llamados a la santidad, a ser como Jesús. Él murió y resucitó por nosotros, por nuestros pecados, porque seamos capaces de morir a todo lo que nos hace mal y nos separa de Él, porque seamos capaces de morir al pecado, comenzar ahora, en nuestra vida en la tierra, a santificar todas nuestras actividades y cruces diarias, como decía san Josemaría Escrivá, y poder gozar así de la vida eterna con el Padre.

Me preguntan sobre qué santos y santas de la Iglesia siento una especial predilección. En primer lugar, me gustaría destacar a santa Ángela de la Cruz. Como he mencionado anteriormente, la misericordia con el prójimo es un hito especial que debemos poner en práctica para alcanzar la santidad en nuestro día a día. El ejemplo más cercano, que tengo la suerte de disfrutar muy cerquita de mi casa, es el ejemplo de toda la Orden de Hermanas de la Cruz en general y de santa Ángela de la Cruz en particular.

Se denominan Hermanas de la Cruz porque a través de su corazón misericordioso y bondadoso, son capaces de cargar no solo con sus cruces sino con las cruces de los más necesitados del lugar donde están asentadas.

Llevan una vida de recolección, sencillez y austeridad, condiciones inalteradas desde que santa Ángela de la Cruz fundara la Orden. Todos sus esfuerzos y dedicación van destinadas a los demás, y siempre con un notorio sigilo, de manera que hasta que no las conoces de verdad y conoces sus obras diarias, no te das cuenta de cuánto bien y cuánto hacen por el prójimo en su día a día.

Por sus frutos se conoce qué es obra de Dios. Gracias a Dios cuentan con numerosas hermanas que deciden consagrar su vida con este carisma santo, y digo santo porque en los “pocos años” que la Orden existe —fue fundada en 1875— ya cuentan con otra santa más en la Orden, aparte de su fundadora, santa María de la Purísima de la Cruz, canonizada por el papa Francisco el 18 de octubre de 2015.

En segundo lugar, en mi vida ocupa un lugar destacado san Juan Pablo II, patrón de los jóvenes. Su obra y vida es fácilmente remarcable como santa. Cada encíclica (como la dedicada a los jóvenes), documento, viaje, actividad, evento (como la Jornada Mundial de la Juventud) que san Juan Pablo iniciaba se podía prever como santa.

Gracias a Dios he participado en dos de las posteriores Jornadas Mundiales de la Juventud que el comenzó, la de Madrid con el Papa Benedicto XVI y la de Cracovia, el verano pasado, dirigida por el Papa Francisco.

He tenido la suerte de haber disfrutado del enclave polaco durante un tiempo, primero durante la peregrinación de la JMJ y poco después durante aproximadamente cinco meses en los que estuve estudiando en una ciudad polaca, Breslavia.

En este tiempo he visitado y disfrutado de la ciudad natal del santo Papa, Wadowice; del santuario de la Divina Misericordia; del reciente Santuario de Juan Pablo II donde pudimos ver muchas de sus reliquias; del campo de concentración de Auschwitz, lugar al que el Papa solía ir a rezar en numerosas ocasiones; y del santuario de Jasna Góra, en Czestochowa, donde también podemos encontrar reliquias suyas.

Durante este tiempo en Polonia, pude conocer el cariño que, por una parte, el Papa le tenía a su país natal; y, por otra, cómo la inmensa mayoría de los polacos, pueblo muy católico y practicante, le tenían a san Juan Pablo. Destaco de especial manera cómo nos comentaban las familias que nos acogieron en la JMJ la forma en la que vivieron la muerte del entonces Papa y como se echaron todos a la calle vela en mano a rezar por él.

Por último, en mi vida de fe siempre han tenido especial importancia aquellos santos que han muerto mártires, a todas aquellas personas que se les ofrece la salvación y una vida nueva si renuncian a su fe, y ante esta situación, ponen primero a Cristo y no renuncian de su fe.

Estos ejemplos han marcado fuertemente mi fe puesto que muchas veces anteponemos cualquier cosa a nuestro rato con Dios en la oración o en la eucaristía. Estos ejemplos son clara muestra de dar la vida por Cristo, de morir por tu fe, de que el don de la fe que Dios nos da sea tan poderoso que demos nuestra vida de tal modo que no renunciemos a este.

Con estos ejemplos añadimos un requisito más para alcanzar la santidad, ser capaces de dar la vida por Cristo y por los demás, ser capaces de morir a nuestro egoísmo y darlo todo por el prójimo, ya sea nuestro hermano o la persona que más odiemos del mundo, morir a nuestro individualismo y darnos a Dios.

Como ejemplo concreto de santo mártir pude conocer en Roma, en el cementerio de Calixto, el monumento en conmemoración de san Tarsicio, mártir que por defender la santísima Eucaristía de Cristo, que una furiosa turba de gentiles intentaba profanar, prefirió ser inmolado, muriendo apedreado el año 257. San Tarsicio es también el patrono de los servidores del altar, monaguillos y acólitos.

Definitivamente creo que el carisma agustino recoleto es una ayuda para la santidad. Hemos remarcado que la santidad es ser como Jesús, vivir como Él y amar al prójimo como Él lo hizo, y desde las JAR, siempre siguiendo el carisma agustino recoleto, hacemos un plan de vida, una manera de seguir a Cristo, de conocerlo cada día más y de darlo a conocer.

Compartiendo esto con otros muchos jóvenes en comunidad, disfrutando a su vez de muchos momentos de oración, formación y ocio, se atisba un camino, el camino en este caso de los Jóvenes Agustinos Recoletos que seguimos para conocer y querer ser como Jesús, para ser santos.


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