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La cercanía al sufrimiento humano también forma a los futuros religiosos


La cercanía al sufrimiento humano también forma a los futuros religiosos
08-09-2017 México
Durante poco más de tres semanas Isaac Almaraz, Arturo Guzmán y Héctor Molina, religiosos en formación inicial de la comunidad formativa San Agustín de Las Rozas, han llevado a cabo una experiencia pastoral y misionera en CARDI y la parroquia de Hospitales de la Ciudad de México.
Tres religiosos agustinos recoletos en última etapa de formación inicial, Issac, Arturo y Héctor, han aprovechado las vacaciones en sus estudios teológicos para llevar a cabo una experiencia de vida de comunidad y misión pastoral en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de los Hospitales de la Colonia Doctores, en la Ciudad de México.

En este lugar, los Agustinos Recoletos llevan a cabo una importante labor de pastoral parroquial, además de una importante misión relativa a la pastoral de la salud en los Hospitales públicos de la región y de pastoral social en el Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral (CARDI).

La comunidad local, compuesta por seis miembros, los recibió con fraternidad y alegría; más cuando uno de estos seis, recién incorporado, procedía de su misma comunidad formativa; se trata de Víctor Mancera, que acaba de iniciar el año de inserción comunitaria y pastoral, última etapa de la formación inicial antes de la profesión solemne en esa comunidad de la Ciudad de México.

La comunidad local quiso que los tres jóvenes religiosos procedentes de la Casa de Formación de Las Rozas conocieran dos importantes aspectos pastorales de Hospitales: el trabajo pastoral cotidiano en las muchas funerarias del barrio, y el importante proyecto social de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México, CARDI.

En cuanto a las funerarias, la experiencia de los tres jóvenes recoletos ha sido enfrentar el dolor de quienes sufren por pérdidas de seres queridos; algunas de estas experiencias fueron especialmente duras, como la de una madre que perdió a su hijo de tan solo cuatro meses de vida.

La función de los jóvenes religiosos era la de acogida de esas familias, consuelo y organización de una liturgia de la palabra. Un intenso acercamiento a una difícil pastoral para la que contaron con el apoyo y consejo de la comunidad recoleta.

Ya en el CARDI volvieron a enfrentarse al dolor, la preocupación, la tristeza y el cansancio de muchos familiares de los enfermos beneficiarios del proyecto socio-sanitario recoleto; pero también comprobaron la esperanza, fe y ánimo que nacen en el ser humano en los momentos de mayor prueba.

Además, los jóvenes recoletos también comprobaron la labor realizada cada día por cerca de 120 voluntarios, la gran mayoría mujeres adultas y adultas mayores, que es inspiradora y una bendición. Escucharon el testimonio de muchas de ellas al afirmar que CARDI y el servicio que prestan es obra de Dios y no un servicio meramente personal.

También es grato el esfuerzo que muestra el equipo coordinador de CARDI para lograr en un contexto general de gran presión y dificultad que se viva continuamente un ambiente fraterno inspirado en el carisma agustino recoleto.

El resultado final ha sido una dosis de realismo, la identificación de las dañinas expectativas que se suelen imaginar en la etapa de formación sobre el futuro del religioso en una comunidad no dedicada de modo específico a la formación y acoger la vida cotidiana comunitaria, sabiendo que ni las personas ni las comunidades son perfectas.

Isaac, Arturo y Héctor resumían así esta vivencia de la comunidad religiosa:

“Damos gracias por el ambiente comunitario que hemos vivido esas tres semanas, por las largas charlas, las risas, el buen humor, los momentos más sencillos como el ver una película juntos, salir a caminar y hasta preparar una cena con las familias de dos de nosotros. También agradecemos la acogida de las cercanas comunidades de Avante y de la Casa de Formación San Agustín de Calzada del Hueso, que fue nuestra primera casa formativa…

Otro momento muy especial por el significado que tenía para nosotros un poco de despedida, fue la bienvenida organizada por esta comunidad mediante una cena en la azotea de la casa a Víctor Mancera, quien comienza aquí su año de inserción después de terminar sus estudios teológicos en nuestra comunidad de Las Rozas.

Nos vamos sabiéndonos bendecidos y con la convicción de que la experiencia en esta comunidad de Hospitales ha sido una huella muy difícil de borrar en nuestra historia de formación como religiosos agustinos recoletos”.



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