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Cuando la lengua española se convierte en motivo de unión de mentes y corazones
En la academia Paraninfo, con compañeros de aprendizaje.


Cuando la lengua española se convierte en motivo de unión de mentes y corazones
25-08-2017 España
Las comunidades de la Casa de Formación San Agustín de Las Rozas, la parroquia de Santa Rita y la casa de estudios San Ezequiel Moreno del Parque de las Naciones, todas ellas situadas en la Comunidad de Madrid, reciben durante dos meses a cuatro religiosos filipinos de la Provincia de San Ezequiel Moreno que estudian español.
Los religiosos y comunidades de la actual Provincia de San Ezequiel Moreno de la Orden de Agustinos Recoletos formaron parte de la Provincia de San Nicolás de Tolentino hasta su elevación a Provincia en el año 1998; por eso, hasta mediados de los años 80 del pasado siglo los religiosos filipinos tenían su formación inicial desde el noviciado hasta la profesión solemne en España, con el resto de sus hermanos de provincia. Tan solo a partir de 1985 se fue creando una estructura formativa propia para las vocaciones Filipinas en su última etapa formativa.

Una de las consecuencias de este último hecho fue que los religiosos filipinos dejaron de ser hablantes fluentes de español, especialmente los que ya hicieron sus estudios teológicos en la casa de formación de Mira-Nila en vez de en Marcilla (Navarra, España). Desde entonces los religiosos de la Provincia de San Ezequiel usan el inglés como lengua vehicular litúrgica y de estudios y el tagalo o visaya en el día a día cotidiano de cada comunidad.

Pese a ser distintas e independientes, la relación entre la Provincia de San Ezequiel Moreno y la de San Nicolás de Tolentino siempre ha sido cercana; decenas de religiosos de ambas provincias hasta determinada generación se formaron, tuvieron destinos y se conocieron en comunidades que eran comunes a todos ellos. Además, se han mantenido por épocas diversos acuerdos colaborativos en materia de formación, misiones y solidaridad, economía

Además, el último Capítulo Provincial de la Provincia de San Ezequiel Moreno, que tuvo lugar en Cebú City en el año 2015, incluyó dentro de su Proyecto de Vida y Misión que todos los religiosos filipinos conozcan el idioma español, dada la importancia de este idioma dentro de la Familia Agustino-Recoleta, en la que es la lengua vehicular de entendimiento común y permite el acceso a las fuentes carismáticas originales más importantes.

Ya en el año 2010 los religiosos filipinos Francisco Antonio y Eduardo Celiz estuvieron durante tres meses en comunidades recoletas de España para aprender el idioma. Se buscaba una especie de programa piloto de formación en español que, por diversos motivos, no tuvo continuación. Lo que no acabó fue la aspiración de una relación más cercana de la lejana provincia filipina con el resto de la Orden y una mayor familiaridad con el idioma español.

En épocas más cercanas, desde mediados de 2015, la Provincia filipina se ha interesado en la obtención de títulos de formación superior en centros españoles como la Universidad Pontificia de Comillas o la Universidad de Navarra; una manera de, al mismo tiempo, conocer el español y compartir vida con las comunidades en España. Ha sido el caso de los religiosos Mark Renancia y Virgilio Paredes, ambos residentes hoy en la comunidad de la Parroquia de Santa Rita de Madrid.

Otros tres religiosos filipinos, Anthony Irineo, Arian Josef Ocheda y Ralph Laureen Ciceron, que residen actualmente en la comunidad de estudiantes del Colegio San Ildefonso estudiando en facultades romanas, han aprovechado los dos meses de las vacaciones estivales para llevar a cabo un curso de español en la madrileña Academia Paraninfo, en el barrio madrileño de Moncloa- Chamberí.

Dado que ya llevan a cabo estudios superiores en italiano su acercamiento al español ha sido bastante más rápido que el de muchos de sus compañeros de academia. Además debe tenerse en cuenta que durante cuatro semestres, mientras llevaban a cabo los estudios filosóficos, también tuvieron un acercamiento al Latín.

Por otro lado, proceden de un país compuesto por un archipiélago de más de 7.100 islas donde se hablan, al menos, 80 dialectos. De ellos, la Familia Agustino-Recoleta trabaja día a día en lugares donde se hablan cuatro principales de estos 80 dialectos, por lo que es común que los religiosos filipinos ya sean, de partida, hablantes en al menos cinco idiomas: tagalo, visaya, hiligaynon e Ilongo, además del inglés, lengua vehicular oficial de los centros de enseñanza desde la primera infancia. La “lengua” de los filipinos es muy maleable y adaptable a nuevos idiomas porque están acostumbrados al multilingüismo desde el principio. Aprender nuevos idiomas, en este contexto, no es tan difícil.

Uno de estos religiosos, Anthony Irineo, lo explica así:


Los filipinos somos resilientes como el bambú que está por todas partes en toda Asia. Tenemos mente abierta, lo que nos ayuda a adaptarnos fácil y rápidamente a nuevas circunstancias y culturas. Además tenemos múltiples palabras procedentes del español en tagalo o ilongo, y aunque la grafía pueda parecer extraña, basta leerlas para un español saber su significado: “mesa”, “kutsara”, “plato”, “bintana”, “oras”, “kantidad”, “atrasado”, “umpisa”, “pierde”, “kumponer”, “molestiya”, “alta presyon”…

Puedo decir que hasta algunas de las palabrotas de nuestras lenguas son imitación de aquellas que se oyeron decir a los españoles cuando estaban en Filipinas. De algún modo, se puede decir que los filipinos, de múltiples maneras y no solo en lo relativo a la cultura, somos deudores de los españoles.



Otra de las claves para este rápido abordaje y aprendizaje del español está siendo el propio carisma agustino recoleto y su forma de vida. Costumbres como el recreo después de las comidas, en que los religiosos se juntan para alrededor de un café compartir y charlar sobre las experiencias de cada día, permite a los religiosos filipinos poner a prueba su recién adquirido español. No sólo eso, sino que de algún modo la clase continúa, ahora de forma práctica:


Hemos llegado a descubrir
—continúa Anthony Irineo varias expresiones cultas y populares del español durante estos diálogos, que se han convertido en agradables intercambios de recuerdos y anécdotas que también nos han ayudado a apreciar el idioma. Además, tenemos que hablar de la gran hospitalidad, apoyo y afecto que los religiosos de estas comunidades madrileñas nos han aportado de un modo continuo, permitiendo aún un mejor aprendizaje.

Es cierto que el lenguaje es una forma de comunicación; mejor comunicación facilita mejor entendimiento; y el entendimiento nos conduce a la unidad de mentes y corazones. Esta experiencia aquí en Madrid, aunque breve, tiene mucho sentido, mucho fruto y para nosotros es un verdadero ejemplo de “qué agradable, qué dulzura y qué delicia es vivir los hermanos unidos”.



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