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[Semana Pro Orantibus 2017] Diez razones para ser monja en la Jornada Mundial por los contemplativos
Rosa María, a la izquierda, junto a otra hermana.


[Semana Pro Orantibus 2017] Diez razones para ser monja en la Jornada Mundial por los contemplativos
11-06-2017 México
Nos trasladamos en esta celebración de la Santísima Trinidad y Jornada Mundial “Pro orantibus” hasta México de la mano de Rosa María Correa, presidenta federal de la Federación de Agustinas Recoletas contemplativas presente en México, Estados Unidos, Brasil y Kenia. Le hemos pedido en esta jornada su testimonio vital, que nos ofrece con toda sinceridad y mostrando ese cariño verdadero que las monjas de clausura tienen por toda la humanidad.
Mi nombre es Rosa María Mora Correa, nací un 24 de marzo del año 1964, cinco años después de que el Papa san Juan XXIII anunciara y convocara el Concilio Vaticano II, uno de los principales eventos históricos de la Iglesia, que marcó no solo el siglo XX, sino también nuestros días. Esto es un detalle significativo para mí, pues soy contemporánea de este gran acontecimiento y quizás fue decisivo en mi vocación religiosa.

Nací en un pueblo llamado Ciudad Hidalgo perteneciente al estado mexicano de Michoacán y que antiguamente llevó el nombre de Taximaroa, palabra purépecha que significa “Lugar de Pescadores”.

Mis padres fueron José María y Guadalupe, ambos originarios del mismo Michoacán. De ellos recuerdo sus grandes valores, que trataron de inculcarnos a todos sus hijos. Su cercanía a la Iglesia y su participación en los Sacramentos marcaron en mí una gran piedad y una inmensa devoción al Santísimo Sacramento, que yo visitaba con frecuencia desde muy pequeña.

Mi vocación surgió en mí apenas tuve uso de razón, pues constantemente manifestaba a mi madre el deseo de ser “madrecita”, como solemos decir en México a las mujeres consagradas; pero esperé hasta los 19 años para poder entregarle mi vida a Dios consagrándome a Él como monja agustina recoleta. Recuerdo que ingresé al monasterio un 22 de septiembre del año 1983.

Actualmente desempeño el servicio de presidenta federal de doce monasterios de monjas agustinas recoletas (nueve dentro del territorio mexicano y tres en el extranjero). Un cometido de este servicio, entre otras funciones, es la coordinación de encuentros y cursos de formación inicial y permanente para todas las monjas agustinas recoletas pertenecientes a esta Federación. Es una labor que realizo con la gracia de Dios, para lo que pido sus oraciones.

El aspecto que más valoro de la vida contemplativa agustino-recoleta en esta realidad individualista y descreída en que nos está tocando vivir es, sin duda, la vida fraterna, algo que, quizá, el joven de hoy no entiende. Construir fraternidad no es nada fácil, requiere de mucho esfuerzo y sacrificio, renunciar a una serie de cosas que te ha costado conseguir para compartirlo con los demás es cuestión de ascesis, sobre todo cuando se trata de dar a los demás tu tiempo y tu espacio.

La vida fraterna nos invita hacer empatía con los que nos rodean y aceptar a los demás con sus cualidades y flaquezas. Buena parte de nuestra sociedad piensa solo en que los demás les reconozcan sus méritos para tener más poder sobre ellos. Nosotras creemos que es mucho más importante pararse a reflexionar lo que Dios nos ha dado para ofrecérselo a los demás y, de esta suerte, hacer que se sientan más felices y realizados; ojalá muchos jóvenes y personas inquietas se permitan experimentar esta sensación de ser útiles a los demás sin miedo de perderlo todo.

Claro, también valoro y encuentro muy hermosa la interioridad. Pero está muy ausente de nuestra sociedad, tan llena de ruidos y prisas, lo que afecta y obstaculiza ese encuentro con Dios y consigo mismo; no saber interiorizar los acontecimientos de la vida hace al hombre desdichado, porque se siente vacío y hueco.

La vida de interioridad permite a toda persona vivir constantemente en contacto con Dios, y eso solo se consigue con espacios de silencio y quietud para probar qué bueno es el Señor, como dice el Salmo 33.


DIEZ RAZONES PARA SER MONJA AGUSTINA RECOLETA

1.- Una de las razones es sin duda ese deseo de estar orando por la humanidad, pues el ser conscientes de las necesidades de los que te rodean y no poder hacer nada al respecto te hace sentir impotente y entonces buscas la manera de llegar a sus vidas a través de la oración de intercesión.

2.- La contemplación es otra de las razones que me cautivaron de las monjas agustinas recoletas y que consiste en la adoración y búsqueda de Dios en el día a día de la vida, pero de una manera especial en las horas de oración personal. La contemplación continua del rostro de Dios es un deseo de ser dominio de solo Dios y posesión suya, y adorarle y alabarle constituye el único negocio, única ocupación que ha de interesar a la monja agustina recoleta.

3.- El espíritu recoleto me cautivó porque es un medio eficaz que ayuda y es afín a la vocación contemplativa; así, el espíritu recoleto te lleva a una profunda interioridad, recogimiento y oración, a una actitud de penitencia y continua conversión que nos compromete a las monjas agustinas recoletas a vivir en un empeño hondo y dinámico, que nos lleva a entrar en nuestro interior, a trascendernos a nosotras mismas y renovarnos constantemente a imagen del hombre nuevo, que es Jesucristo.

4.- En el carisma agustino recoleto una de las facetas que me llamó más la atención, fue la vida comunitaria ya que, al igual que a san Agustín, la vida comunitaria me atraía, y el deseo de compartir tanto lo espiritual como lo material con otras personas me llevó a identificarme con este carisma. Las comunidades de monjas agustinas recoletas, conforme al propósito fundacional, se cimentan en la caridad y pretenden imitar a la primitiva comunidad desccrita en los Hechos de los Apóstoles en la que todos tenían una sola alma y un solo corazón y donde todas las cosas eran comunes. El compartir con las demás hermanas los dones que Dios te da no te empobrece, sino todo lo contrario, te enriquece, porque la unidad de dones engrandece a la comunidad y a la Iglesia.

5.- Al formar parte de una comunidad de monjas agustinas recoletas me di cuenta enseguida de que la vida fraterna es el núcleo en torno al que gira toda la vida de la religiosa, y las que fuimos llamadas a este amor fraterno nos respetamos recíprocamente, conscientes de que somos templos del Espíritu Santo. En la vida agustino-recoleta las monjas nos aceptamos como miembros del mismo cuerpo místico, distintas por el carácter y oficio, pero iguales en el vínculo del amor fraterno.

6.- El canto de la liturgia de las horas es otra característica que me llamó la atención, pues a través de este apostolado santificamos las distintas horas del día y alabamos a Dios por los que por motivos de compromisos o de omisión se olvidan de ello. Las acciones litúrgicas son el centro de la vida comunitaria de una monja agustina recoleta donde se refuerza y se alimenta su vida fraterna. Además este acto litúrgico en el que alabamos a Dios es lo fundamental de la comunidad, que se entrega a glorificar a Dios y a interceder con espíritu de caridad apostólica por el bien de todos los hombres.

7.- La vivencia de los consejos evangélicos es otra faceta importante que formó parte de mi discernimiento vocacional, pues a través de ellos puedo imitar de una manera más cercana a Jesús. Los votos de castidad, pobreza y obediencia son el camino más adecuado para vivir una vida de santidad que me lleva a configurarme con Cristo y entregarle mis fuerzas de amar, la necesidad de poseer y la libertad de regular mi propia vida.

8.- La dimensión apostólica, el servicio y alabanza del Señor y la oración y comunicación con Él conforman la razón fundamental de la comunidad, que así se entrega a glorificar a Dios y a interceder con espíritu de caridad apostólica por el bien de todos los hombres. Nosotras las contemplativas, como María Magdalena la mañana de la resurrección, tenemos que anunciar “Hemos visto al Señor” (Vultum Dei Quaerere, 6). Nuestro apostolado es ser antorchas que acompañan el camino de los hombres y de las mujeres en la noche oscura del tiempo (Vultum Dei Quaerere, 6). La monja agustina recoleta desde su contemplación tiene una dimensión vital en la vida de la comunidad eclesial, porque desde su silencio y mortificación ayuda desde esta pureza de vida a la Iglesia y al pueblo de Dios en sus necesidades.

9.- El amor a la Iglesia: la recoleta siente un verdadero amor a la Iglesia. Tenemos un ejemplo a seguir en nuestra fundadora, la madre Mariana de san José, pues ella era consciente de lo que afirma nuestro padre san Agustín: “En la medida en que se ama a la Iglesia se posee el Espíritu Santo”. La adhesión y obediencia al Papa debe distinguir a la monja recoleta, pues, a través del voto de obediencia, sometemos nuestra voluntad no solo a la priora de la comunidad, sino al Santo Padre, que es vicario de Cristo en la tierra.

10.- La Devoción a la Santísima Virgen María: una de las devociones que se vive dentro del claustro de un monasterio de agustinas recoletas contemplativas es sin duda la devoción a María porque, como ella, debemos ser verdaderas madres de las almas. Nuestra devoción a María se cimenta sobre todo en la imitación de sus virtudes; pero para alcanzar esto es necesario honrarla todos los días con el rezo del Santo Rosario, la Salve Regina todos los sábados y la paraliturgia mariana que realizamos todos los días. Nuestra devoción a María no debe ser un acto estéril, sino que necesita por parte de nosotras de una fe viva que se convierta en obras buenas para con los que nos rodean y en oraciones y plegarias para los lejanos.


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