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Retiros de silencio, un oasis de paz ofrecido por los CEAR. ¿Te apuntas?


Retiros de silencio, un oasis de paz ofrecido por los CEAR. ¿Te apuntas?
21-04-2017 Costa Rica
Los Centros de Espiritualidad Agustino-Recoleta (CEAR) ofrecen dentro de su calendario de actividades la participación en esta experiencia de uno o varios días de duración, un auténtico lujo dentro de la sociedad contemporánea donde la información, la publicidad y el ocio audiovisual casi no dejan espacio a la escucha del silencio.
En el CEAR Costa Rica, con sede en Pozos de Santa Ana (San José), el calendario de 2017 ofrece la posibilidad de participar en retiros de silencio de varios días de duración o más cortos, de una jornada.

Se han organizado cuatro retiros largos, de los que ya han tenido lugar los dos primeros: del 24 al 26 de febrero, del 31 de marzo al 2 de abril, del 25 al 29 de septiembre y del 27 al 29 de octubre.

El primer retiro de una jornada tuvo lugar el 11 de marzo, y aún hay posibilidad de participar en 2017 de alguno de los cuatro restantes programados: 13 de mayo, 10 de junio, 19 de agosto (día de san Ezequiel Moreno, en el que el retiro terminará con la ecuaristía de acción de gracias por el santo recoleto y patrono de la comunidad recoleta local) y el 11 de noviembre.

En la Casa de la Recolección de Ahuatepec de Morelos, en las cercanías de Cuernavaca, sede principal del CEAR del centro de México que da servicio a la Ciudad de México, Estado de México y Morelos, se han programado tres retiros de silencio para lo que queda de 2017.

CEAR México los organiza de tres días de duración. Así, se llevarán a cabo del 30 de junio al 2 de julio, del 22 al 24 de septiembre y del 15 al 17 de diciembre.

En España, el CEAR Madrid aún no ofrece este tipo de retiros de silencio, aunque está en estudio su propuesta dentro del calendario, posiblemente a partir del curso 2017-2018.

Las personas que han participado de estos retiros han valorado especialmente la importante capacidad de reflexión y autoconocimiento personal y espiritual que se adquiere gracias a la experiencia del silencio.

Minor Alfaro, de Costa Rica, lo cuenta como una experiencia que ha ido desde la inquietud inicial hasta el agradecimiento final:

“Empecé muy inquieto, pensando que iría a escuchar algo que me librase de algún mal hábito. Pero los salmos rezados, los temas meditados y los espacios de reflexión personal son los que han tejido ese silencio.

El silencio me ayudó a delatar mis prejuicios y temores. Me ayudó a pedir perdón por mis faltas y a abrazar mi cruz, la cruz de mis temores y de la soberbia por pensar que había descubierto mi pecado, cuando en realidad todo es gracia, todo se me ha dado.

Concluí el silencio con el corazón agradecido, por lo recibido a nivel personal y por el silencio acompañado que me brindaron los demás”.

Tati Loría también aprovecha todas las oportunidades que puede para participar de los retiros de silencio en el CEAR Costa Rica. Cuenta así su experiencia:

“La primera vez que asistí a un retiro de silencio, pensé que sería algo difícil y quizás un poco aburrido; pero me movió un poco la curiosidad y otro poco esas ganas, no reconocidas, de acercarme más a Dios.

Trece retiros después, puedo decir con total y pleno conocimiento que es una experiencia más allá de lo que se podría expresar con palabras, que se debe vivir con el corazón, con el alma, con la piel.

No son las charlas, no es el material, no es el lugar, sino el calor humano con que nos reciben en el Centro de Espiritualidad Agustino-Recoleta; es la solidaridad que nace con cada participante, mucho más fuerte y honesta al estar en silencio, porque las palabras marean un poco —la verdad—, pero el lenguaje corporal tiende a ser auténtico: porque una sonrisa, un gesto sincero, una mirada me hacen sentir mejor que ahí hay alguien que, al igual que yo, sufre y necesita ser amado por las personas y por Dios.

Una vez me preguntaron por qué iba a tantos retiros; la pregunta me tomó por sorpresa y no pude contestar de inmediato con claridad y contundencia. Después de pensarlo mucho, llegué a una única conclusión: porque me hace feliz.

Durante el silencio me siento amada, me siento digna, me siento perdonada, me siento entendida, me siento bien recibida, me siento humana, me siento valiosa por lo que soy.

Y es que sumida en el silencio, orando con la honestidad de una niña pequeña, siento que soy tan valiosa como para que Él muriera y resucitara por mí”.

Si deseas participar de cualquiera de estos Retiros de Silencio, entra en contacto con los Centros de Espiritualidad Agustino-Recoleta donde te informarán de cómo participar en ellos.


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