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SÁBADO SANTO: que no te roben el gran regalo del silencio


SÁBADO SANTO: que no te roben el gran regalo del silencio
15-04-2017 Costa Rica
La joya escondida de los Centros de Espiritualidad Agustino-Recoleta (CEAR) son los Retiros de Silencio Agustiniano. Cientos de personas (fotos) participan de estas jornadas frente a un mundo que nos roba el regalo del silencio. En este sábado santo, estamos en silencio a la espera del mayor acontecimiento de la historia de la humanidad. Y meditamos sobre el propio hecho del silencio.
La mayor parte de la humanidad vivimos en una cultura del ruido, bombardeados por todos los rincones con motivos para la dispersión de diferente índole: autopistas llenas de vehículos, trenes rápidos, transeúntes que van deprisa, pantallas que parpadean, tecnología de avanzada, vértigo constante e información al segundo. El mundo nos roba el regalo del silencio.

Hoy más que nunca el ser humano necesita entrar en la quietud, en el acallar de las voces y el paso hacia el silencio. Un silencio que se convierte en un enigma misterioso, para algunos incómodo y, para otros, fuente de temor; pero, en el fondo, algo que todos necesitamos.

El miedo al silencio lo genera el temor a escucharnos a nosotros mismos, porque ese silencio interior a veces es más ensordecedor que el exterior. En el silencio nos enfrentamos a nuestro ser desnudo, sin maquillaje; nos enfrentamos a nuestro juicio interior, a nuestra conciencia salpicada de memorias guardadas; a nuestros pequeños o grandes rencores o situaciones irreconciliables, a dolores que ya se hicieron costumbre, a pasiones descontroladas, angustias y melancolías. Una vida de auténtico desierto.

Somos caminantes que en algún recodo del camino, estando sedientos y cansados, sentimos la necesidad de algo: llenar un vacío, escapar de la soledad, la angustia y confusión, encontrar a todo un sentido.

En el desierto, en mitad del ruido llega ese sinnúmero de sentimientos con diversidad de nombres… y, de repente, una vocecita: una suave brisa como la que sintió Elías, una invitación de un amigo, un testimonio de vida que nos atrae y nos posibilita hacer un alto en el camino y permitirnos regalarnos un espacio de tiempo y un lugar para atrevernos a descubrir el regalo del silencio.

El silencio es presencia, grandeza y plenitud… A medida que avanza el tiempo en silencio, empezamos a mirarnos como Dios nos ve. El silencio es un diálogo con Dios. El silencio comunica emociones, es plenitud que me lleva a mi destino, es música para mis oídos, es manjar y plenitud con corazón de niño.

El silencio te lleva al abandono, te invita a la oración sentida, oración de amor y de abrazo con el padre. El silencio vence al miedo, a las inquietudes y ansiedades. El silencio es un oasis de agua viva, es comunión fraterna, es el lenguaje del alma.

En el silencio abrazamos nuestra cruz, abrazamos nuestro dolor y recibimos la gracia de nuestro Creador…. El silencio reconforta las heridas y nos llena de fe y de esperanza, porque en el silencio escuchamos la voz de Dios.

San Agustín, en el libro 6 de las Confesiones, dice: “Yo caminaba por un lóbrego resbaladero, te buscaba fuera de mí y no hallaba al Dios de mi corazón. Me había precipitado en el fondo del mar. Había perdido las esperanzas de encontrar la verdad”. Pero entonces descubre a Dios en su interior; en el hombre interior existe la verdad y la persona de hoy día es capaz de descubrir esa verdad solo en el silencio.

Los Retiros de Silencio Agustiniano son un regalo para el mundo contemporáneo, un tesoro por descubrir. Algo así como un oasis en el desierto de la vida. Se trata de un silencio dirigido: cientos de personas, de la mano de san Agustín y con un tema que cada año propone la Familia Agustino-Recoleta, descubren la presencia de Dios en sus vidas, abren espacios de conversión, pozos de paz, pan para el camino, luz en el sendero y la alegría de sentir la misericordia el abrazo amoroso del padre.

No hay edad, no hay un momento específico: Jesús te llama, toca a tu puerta, solo depende de ti que le abras el espacio en tu interior y dejarte transformar por Él.

Cada retiro está diseñado con cinco temas. Este año 2017 nos encontramos con un mensaje lleno de vida, palabras del mismo Jesús: “yo soy” camino, verdad y vida, el pan, la luz y el buen pastor, la Resurrección y la Vida a las que todos estamos llamados.

Los retiros de silencio son el pulmón de los CEAR; en ellos se respira el aliento del espíritu de Dios, porque en cada lágrima que se transforma en sonrisa se manifiesta su amor, así como en cada suspiro ante el Santísimo, en la eucaristía, en las liturgias, charlas, ejercicio de la lectio divina, oraciones y experiencias compartidas…

En todo ello se siente una presencia que se hace vida en cada una de las personas que participan. El grupo empieza a imitar las acciones de Jesús, comienza a mostrar confianza, a abrir su corazón con un gesto, una mirada… Cada uno se prepara para salir al mundo, es un misterio que empieza a desvelarse, el misterio de la Resurrección. Jesús es la vida duradera para quien cree en Él.

El silencio nos introduce en el misterio Pascual, ya no es el dolor de la Pasión, porque se convierte íntimamente en esa Resurrección que anuncia felicidad eterna.

Tras el silencio salimos fortalecidos para continuar la marcha, nuestra biografía adquiere sentido y lo pasado se convierte en un plan amoroso, el camino se hace más fácil, adquiere otra forma, se llena de luz y esperanza, el camino de la verdad que nos lleva a la felicidad en Dios, con Dios y por Dios.

Todos necesitamos del silencio y bendito Dios el día que la Familia Agustino-Recoleta introduce en su programa formativo este espacio para todo aquel que toca a sus puertas.

Solo nos queda decir como san Agustín:

Dame fuerzas para buscarte, Señor y Dios mío, mi única esperanza. No permitas que deje de buscarte por cansancio, sino que te busque siempre con renovada ilusión. Tú, que hiciste que te encontrara y que me inculcaste ese afán por sumergirme más y más en ti, dame fuerzas para continuar en ello.

Mira que ante ti están mis fuerzas y mi debilidad, conserva aquellas y cura esta. Mira que ante ti están mis conocimientos y mi ignorancia. Allí donde me abriste, acógeme cuando entre; allí donde me cerraste, ábreme cuando llame.

Haz que me acuerde de ti, que te comprenda, que te ame. Acrecienta en mí estos dones hasta que me transforme en nueva criatura. Amén.

M.E.G. • Equipo CEAR
Pozos de Santa Ana, San José, Costa Rica.



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