español português email
Diario de los voluntarios del Colegio Romareda en la Ciudad de los Niños (6 y final)


Diario de los voluntarios del Colegio Romareda en la Ciudad de los Niños (6 y final)
13-08-2012 Costa Rica
Cada una de las jornadas de su voluntariado, los jóvenes alumnos del Colegio Romareda de los agustinos recoletos en Zaragoza (España) escriben su experiencia de voluntariado en la Ciudad de los Niños de Costa Rica de un modo personal, y se turnan para escribir este gran diario de sus vivencias que reproducimos desde su blog (editado).
Domingo, 22 de julio de 2012

Ha entrado de lleno en el voluntariado y no hay mejor forma de terminar su primer año de experiencia en este campo. En el deporte, en el trabajo y en la convivencia muestra sus mejores cualidades. Es Nacho.

Hoy día 22 nos despertamos sobre las siete. Aunque a algunos nos cuesta levantarnos cada día más, principalmente por el cansancio acumulado, esto se compensa con lo que el día nos brinda con los chavales en la ciudad. Acto seguido nos fuimos a desayunar como cada mañana y como de costumbre: ¡gallopinto!, esa comida tan desconocida para nosotros a estas alturas del viaje.

Misa de despedida

Después de desayunar, asistimos a la misa de las 8 de la mañana y al final se expuso un vídeo con imágenes de nuestro paso por la Ciudad de los Niños. Al acabar, nos obsequiaron con un regalo para cada uno de nosotros, algo muy laborioso, con un sistema para poder colgarlo del móvil.

Peregrinación a Cartago

Terminada la misa, tocaba peregrinación a la basílica de Cartago guiados por David, un chico de la Ciudad de los Niños que nos acompañó, junto con un grupo de chavales de los albergues a los que sus educadoras les dejaron salir con nosotros.

Ya que era día de peregrinación, fuimos andando hasta Cartago. La travesía nos costó entre cuarenta y cincuenta minutos, sin embargo se nos hizo muy ameno. Una vez allí, contemplamos la basílica bastante más transitada que de costumbre. La cola para visitar el lugar donde se apareció La Virgen era inmensa.

Tiempo libre

Una vez en Cartago tuvimos tiempo libre para comprar, descansar o simplemente pasear. Tras hacer unas últimas compras, fuimos a comer de cabeza al McDonald’s para reponer fuerzas y seguir. Buscamos algunas tiendas y nos dirigimos a la parada del bus para volver a la Ciudad de los Niños. Llegamos sobre la una y media con ganas de estar en la Ciudad.

Nos dispersamos: algunos habían quedado con chavales, otros nos decantamos por ir a la sala de juegos para jugar con ellos al billar, ping-pong o al futbolín. Más tarde, a las cuatro, los del albergue de Santa Magdalena nos retaron a un partido en el polideportivo. Estuvo disputado y ganamos por poco. En principio teníamos otro partido contra residencias después de la cena, pero lo aplazamos para el día siguiente ya que no podíamos rendir mucho más.

Después del partido nos duchamos y descansamos un rato hasta la cena, haciendo tiempo con los chicos de la ciudad. Cenamos como de costumbre a las seis y media, al terminar tuvimos tiempo para estar con los de nuestros albergues y hacerles compañía, a algunos nos invitaron a ver alguna película o simplemente a estar con ellos hablando y aprendiendo de ellos.

Fin de la jornada

También pudimos estar con ellos un rato más en la sala de juegos, porque la cerraban más tarde al ser domingo, de la que yo personalmente no saldría ya que me lo paso genial con ellos.

Al cerrarla nos despedimos hasta el día siguiente, nos quedamos hablando un rato como cada día, pero tocaba descansar y mentalizarse para el penúltimo día. Se acerca el inesperado final.


Lunes, 23 de julio de 2012

¡Quien la ha visto y quién la ve! En estos años de voluntariado en el Colegio Romareda ha experimentado una gran evolución. Humor, compromiso y simpatía son sus señas de identidad. Ella es Inés Tarancón.

Todo lo que empieza, termina

Esto se acaba. A nadie le gusta, pero así es. Sin embargo, nos sentimos obligados a aprovechar al máximo nuestras últimas horas en la Ciudad de los Niños.

El lunes amaneció soleado y lleno de energía, al igual que nosotros. Todos queríamos exprimir cada segundo; yo incluso tenía ganas de pintar. Para empezar el día (y para variar): oración con Fernando. Fuimos a desayunar y nuestro ya querido cocinero Marcos nos deleitó con sus famosas patatas rebozadas (cuya receta voy a conseguir, todo sea dicho) y unas “crepes” de champiñones con queso.

Ya con el depósito a tope nos dirigimos a nuestra comisión de trabajo: unos a limpiar los albergues (que, como os podéis imaginar, estaban hechos una leonera), otros a plantar un ciprés (sí, un ciprés), otros a escanear fotos y otros, como yo, a pintar. Hablando de pintura, en ningún folleto ponía nada de un curso exprés de pintor o jardinero… De todas formas, si alguno está interesado puede contratar mis servicios como profesional (je, je).

Visita a los talleres

Tras dos horas de duro trabajo, era hora de visitar los talleres. Primero fuimos al de agroindustria, y supongo que os estaréis preguntado qué es… igual que yo entonces. Pues bien, agroindustria es cocina a lo bestia o, lo que es lo mismo, elaboración de alimentos a nivel industrial.

En el taller había máquinas como ollas gigantes o embutidoras y laboratorios. Este taller está aún en vías de desarrollo, así que queda mucho por hacer en materia de equipamiento. Por ahora sólo hay un alumno en el taller, aunque, en mi opinión, tiene mucho potencial de cara al futuro. También estuvimos en el taller de electrotecnia, en el de mecánica de precisión y en el de mecánica automotriz.

Voluntarios para todo

Marta Carnicer, Nerea y yo apenas tuvimos tiempo de ver el último, ya que nos tuvimos que ir rápidamente al comedor… ¡tocaba sustituir al educador de la residencia Guanacaste, que está de baja, en su tarea de fregar! No puedo irme sin haceros saber que, aquí en Costa Rica, el jabón para lavar los platos no es líquido, es sólido (¿!); se hace espuma al entrar en contacto con el agua. Fascinante.

Exprimiendo cada segundo

Después de comer llegó el tiempo libre. Unos fuimos a Cartago a comprar los últimos regalos para los chicos, mientras que los otros se quedaron en la CDN. Yo estaba deseando que llegase el tiempo libre para poder pasar un último rato con los chicos sin la presión de las despedidas. Hubo tiempo para todo: fotos, “pull” (billar), ping-pong, regalos… Sin embargo, me quedé con las ganas de despedirme de mi querida Kira, la gata más guapa de toda la CDN.

Llegó la hora de la cena y aquí el protagonista indiscutible fue Marcos, que nos agasajó con una comida digna de reyes: filetes de pescado rebozado riquísimos y una tarta como postre. Me atrevería a decir que me lo voy a llevar de cocinero particular a casa, pero no quiero que mi madre se sienta amenazada por la competencia así que… shhhhhh.

Llegó la hora de los regalos y los agradecimientos

Después de cenar tocó, al menos en mi caso, una firma de fotos a velocidad ultrasónica para estar en el albergue lo antes posible (todo a última hora, desde luego hay cosas que son internacionales) y despedirnos de los chicos.

Inés y yo les llevamos un queque (un pastel de chocolate que te mueeeeeeres de lo rico que está) al que la educadora del albergue añadió un zumo riquísimo. Luego llegó la hora de los lloros, los regalos, los discursos y los agradecimientos. Cuando conseguimos salir del albergue (no nos dejaban), nos despidieron entre aplausos. Fue emocionante ver lo mucho que valoran detalles que para nosotros parecen insignificantes.

Siempre aprendiendo y compartiendo en grupo

La dinámica de la noche fue muy simbólica. Cada uno quemaba un papel en el que, antes de comenzar esta aventura, escribió cuáles eran sus miedos. A cambio, pegaba un papel en el que estaba reflejado todo aquello que se llevaba de la CDN.

Yo quemé mi mayor miedo: las serpientes (que, por cierto, no he visto ni en pintura) y dejé el cariño que he recibido de todos los que he tenido a mi alrededor en estas tres semanas y el agradecimiento de todas las personas a las que he intentado hacer un poco más felices.

Tras este día tan intenso, llegó la hora de dormir, lo cual Fernando nos dejó hacer a todos juntos en el suelo de la sala común, en la que tantos ratos hemos pasado y que se ha convertido en un símbolo de la unidad y el diálogo entre este grupo tan valioso que formamos todos.


Martes, 24 de julio de 2012

Original como pocos, loco por los demás, enamorado de la vida y con ganas de comerse el mundo para evangelizarlo y humanizarlo. Es Gabriel.

Última parada

Te despiertas, te das cuenta de que estás durmiendo rodeado de esas personas a las que tanto quieres y con las que tanto has vivido, pero a las que hace 21 días apenas conocías.

Después de compartir todos nuestra sala común para dormir juntos como último día, se empieza la jornada con más ganas. Pero luego, cuando vas corriendo al comedor a desayunar, piensas que esa era la última noche, que ese va a ser el último desayuno, y que en definitiva, esto se está acabando.

El desánimo se palpa en el ambiente, pero si te fijas con suficiente atención, no solo la tristeza llena el comedor mientras tomamos los famosos huevos revueltos que el gran cocinero Marcos nos prepara. Si te fijas en cada uno de nosotros, te darás cuenta de que no somos los mismos que partimos desde Zaragoza hace unas semanas.

Todos hemos cambiado, hemos aprendido como nunca, cosas que en ningún libro jamás nadie podrá explicarte, cosas que ninguno de nosotros sabremos explicarte mejor que con una mirada al horizonte, pero que si yo tuviera que describirte con una sola palabra, sería: Gracias.

En la CDN para siempre

Fernando nos reúne como de costumbre, en la ya casi recogida sala común, nos pone una de esas canciones que tanta gracia nos hacen, y después de escucharla, con un silencio más que sepulcral, nos dice con esa voz tan llana y penetrante que sabe hacer: “Chicos, no nos vamos.”

Alguna risa, caras de sorpresa, alguna de esperanza, pero sobre todo confusión. Lo vuelve a repetir, “No nos vamos, hemos quedado aquí para siempre.”

Nos cuenta que la zona para plantar el supuesto ciprés que estuvimos preparando ayer, era el inicio del “Jardín del voluntario”, y que el círculo preparado, no era para el ciprés, sino para los alumnos del colegio Romareda que allí estábamos escuchándole con estupefacción. Nos cuenta que vamos a dejar nuestra huella de otra forma más, y a ello vamos, a escribir con plantitas las letras ZGZ en medio de un bonito jardín en el centro de la Ciudad de los Niños de Costa Rica.

Se nos hace difícil, ya que mientras estamos terminando, los chavales salen en su hora de recreo, y acuden todos directamente a hablar con nosotros, traernos regalos, hablar, empezar a despedirse, abrazos, muchos tipos de saludos, desde nuestro dar la mano de toda la vida, a los saludos más raros y elaborados que podáis imaginaros, sin omitir el mítico choque de nudillos “pura vida”.

Vuelves andando desde el jardincillo de los voluntarios hasta nuestra residencia, y lo vas viendo todo con otros ojos. Las oficinas de administración, las residencias de Guanacaste, Alajuela, el mejor de los albergues: Santa Rita… Lo miras todo con otros ojos, como si fuera la última vez que vas a ver tu cuarto antes de independizarte, o cuando cierras la puerta de tu casa después de una mudanza.

Maletas, limpieza, ahí aparece un remolino en el que dos pocilgas y remix de todo tipo de ropas y regalos se convierten en maletas y en lo que en un futuro será la residencia Limón.

No es un adiós, es un hasta luego

Y en este día solo queda un momento que contaros. Un momento que duró una hora. Comimos a toda prisa, con tal de ganar unos segundos o unos minutos con esas personas con las que habíamos compartido esas maravillosas semanas que han supuesto para muchos un antes y un después en su vida.

Lloros, abrazos, saludos, unas últimas palabras, unos últimos momentos que compartir…

El resto os lo podéis imaginar, viaje, viaje y más viaje.

¡PURA VIDA!

Aquí concluye nuestra experiencia, aquí acaba el blog, y aquí os dejamos nuestros recuerdos, para que podáis vivirlo como nosotros lo hemos hecho.


¿Y tú que opinas?

menu portada noticias reportajes agenda documentos nosotros material gráfico misiones escribenos intranet Entra y verás
Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. Paseo de la Habana, 167. 28036 -Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Política de privacidad.
Búsqueda