Los momentos clave de la vida de AgustÃn
AgustÃn maniqueo
San AgustÃn. MarÃa Teresa Castaño (2004), Kaohsiung, Taiwán.
AgustÃn a los 19 años vive una primera conversión a la filosofÃa, mientras estudia en Cartago, al leer el
Hortensius de Cicerón. Era un libro escrito para animar a las personas a abrazar la carrera filosófica y que se proponÃa a los estudiantes tanto por su forma literaria como por la propuesta que hacÃa al lector. AgustÃn quedó maravillado por libro, que despierta su ilusión y vocación por la búsqueda de la verdad.
Para AgustÃn este libro fue una “epÃstrofe†o conversión intelectual, pero no tuvo consecuencias de “metanoia†o conversión moral. Una vez que oye hablar de la verdad de este modo, se lanza en la búsqueda de Jesucristo como consecuencia de la educación cristiana que tuvo desde niño. De hecho, los libros platónicos y el mismo
Hortensius le defraudan desde el momento que no hablan de Cristo.
El libro de Cicerón presentaba tres puntos esenciales: la renuncia a las riquezas, la renuncia a los honores y la renuncia al matrimonio, pues el casado no podrÃa vivir la práctica de la filosofÃa. Una vez que los asume, intenta buscar en la Sagrada Escritura lo que Cicerón no le ofrecÃa. Es cuando se derrumba su primera búsqueda en la Palabra de Dios, de la que se siente profundamente defraudado. Se ha dicho que AgustÃn rechaza las escrituras porque literariamente le parecen indignas. Sin embargo, se pueden dar otra serie de razones de mayor peso:
En el libro de las
Confesiones AgustÃn indica que no volvió a releer el libro de Cicerón “para dar más mordiente a mis expresiones†(
Conf 3,4,7). Es decir, no le interesa tanto el estilo literario de Cicerón, deja en segundo lugar las formas. No parece que al leer la Biblia buscase su interés literario.
En otros capÃtulos de su libro AgustÃn recalca que el estilo no le interesa tanto cuanto el contenido al leer libros (
Conf 4,3,5; 5,6,10; 5,13,23).
Los maniqueos admitÃan la Sagrada Escritura, y además utilizaban la misma versión que los católicos, excepto en que purgaban los pasajes más incómodos. Después de rechazar las escrituras, en pocos dÃas, AgustÃn se hace maniqueo y, por tanto, vuelve a utilizarlas.
AgustÃn dice que cuando leyó “aquella escritura†se sintió defraudado: es decir, habla de un pasaje concreto, pues cuando se refiere a la totalidad de la Biblia lo hace siempre en plural: “las escriturasâ€. Además, en el
Sermón 51,5,6 se nos dice exactamente qué pasaje fue el que le hizo sentirse defraudado: la genealogÃa de Cristo en el Evangelio de Mateo. Encuentra en su contenido contradicciones graves, sobre todo al ser comparadas con la otra genealogÃa de Jesús del evangelio de Lucas.
Precisamente uno de los habituales discursos proselitistas de los maniqueos estaba basado en la denigración de los católicos porque en sus libros sagrados habÃa graves contradicciones. Los maniqueos eliminan estos textos, entre ellos los relativos a las genealogÃas. AgustÃn no rechaza las Escrituras por su estilo literario, sino porque encontraba a cada paso misterios y presuntas contradicciones. Lo que no se podÃa aceptar en un camino hacia la verdad.
Los maniqueos le ofrecen la Sagrada Escritura pero libre de estos pasajes misteriosos, sin incoherencias ni dudas. Desde entonces se acerca a ellas con un afán de evaluación de su contenido, con intención de juzgarlas desde su sabidurÃa en el campo lingüÃstico. El AgustÃn maniqueo intenta dar una “qualitas†y una “dignitas†a la Escritura.
Cuando AgustÃn lee las genealogÃas se le presentan como un texto sin autoridad, con incoherencias internas, todo lo contrario a lo que le daba Cicerón y los autores clásicos.
Si AgustÃn poco después vuelve a tomar las Escrituras de un forma racional, dando a Cristo una máxima autoridad, es porque los maniqueos, con su propaganda, le hacen acercarse a ellas desde otro punto de vista. AgustÃn leyó uno de los tÃpicos textos presentados por los maniqueos para mostrar las contradicciones de los católicos; a su vez Cicerón y el
Hortensius no llenan su ansia de encontrar la verdad en Cristo; es entonces cuando los maniqueos lo atraen plenamente.
El maniqueÃsmo tenÃa una metafÃsica materialista y dual (principio del bien y del mal, ambos eternos e inmutables), panteÃsta (todo pertenece y es emanación de uno de estos dos principios) y con una moral que partÃa del principio de los sellos: frente, boca, pecho y manos, o lo que es lo mismo, pensamiento, palabra, sentimiento y obras.
Después de un tiempo de aprendizaje, AgustÃn tendrá una nueva evolución que parte de sus dudas, nunca resueltas por los maniqueos:
La primera de estas dudas era cientÃfica. Los maniqueos tenÃan en la astrologÃa como una ciencia fundamental para conocer la realidad. Sin embargo, muchos de sus libros se contradicen o no tienen la más mÃnima visión cientÃfica de lo que dicen.
La segunda fue escriturÃstica. Un presbÃtero católico de Cartago, llamado Elpidio, siempre en público defendÃa la Sagrada Escritura tal como la tradición la habÃa entregado, es decir, al modo católico. Nunca AgustÃn escuchó una sola respuesta franca y válida de los maniqueos a las objeciones de Elpidio.
La tercera duda fue metafÃsica. Nebridio, amigo de AgustÃn, le pregunta a éste de qué sirve estar en una lucha continua de dos principios, el del bien y el mal, que ninguno de ellos va a ganar. Si ambos principios son inmutables, no se entiende que estén en lucha, pues nada van a cambiar. AgustÃn busca la respuesta a la pregunta sin que ninguno de los maniqueos más importantes le pueda dar una respuesta lógica. Le convidan a que presente las tres dudas a Fausto, tenido por el más sabio de los maniqueos. Éste no responde seriamente a ninguna de las tres dudas.
En Cartago, por tanto, AgustÃn comienza a desencantarse del maniqueÃsmo. Pero se produjo un episodio que le hizo abandonarlo definitivamente. Cuando AgustÃn llega a Roma, la secta maniquea recibe una importantÃsima cantidad de dinero proveniente de un tal Constancio, que la dona a la secta todos sus bienes con la condición de que se funde una comunidad maniquea con gran exigencia moral.
Los primeros que se echan atrás en el proyecto son los maestros maniqueos. Entonces AgustÃn descubre que la vida que proclamaban no es la que vivÃan.
AgustÃn, escéptico
AgustÃn se desilusiona tanto del maniqueÃsmo que cae de forma casi inmediata en un escepticismo filosófico, creyendo que la verdad existe, sÃ, pero no puede ser conocida y no hay camino alguno para llegar a ella.
San AgustÃn superará esta etapa pensando en sus propias capacidades y cualidades, en sus deseos de búsqueda y en el planteamiento del problema de la fe y la razón. Llega a la conclusión de que para alcanzar la verdad se necesita la fe. Los maniqueos le habÃan presentado como disyuntivas ambas realidades. Pero AgustÃn descubre, al superar el escepticismo, que no son contradictorias, sino complementarias.
De este modo no le resulta difÃcil aceptar las Escrituras aun con sus contradicciones literarias, desde la humildad: primero creer, y creyendo es como se llegar a conocer, y desde ahà a entender.
AgustÃn, cristiano
Conversión de San AgustÃn. Cádiz.
AgustÃn vive entonces ya en Milán, donde acude a escuchar con frecuencia al obispo católico, san Ambrosio. Empieza asà a aceptar lo “espiritualâ€, la fe en la Iglesia y, finalmente, todo el credo católico. Asà rechazará tanto el dualismo maniqueo como el escepticismo que nada soluciona.
El problema del mal en el mundo será uno de los que le indiquen el camino del cristianismo. Los platónicos habÃan propuesto que el mal era una ausencia y privación de bien, no un principio propio. Sin embargo, el
Hortensius le habÃa metido en la cabeza que sólo se llegaba a la verdad con las renuncias a las riquezas, a los honores y al matrimonio. El caldo de cultivo de la conversión moral se estaba preparando, la conversión definitiva que tendrá como consecuencia su bautismo.
Ponticiano, uno de sus amigos, le cuenta la vida de San Antonio y la historia de los jóvenes de Tréveris, historias ambas que se enmarcan en la vida en común, en la vida monástica y en la castidad. AgustÃn no sabÃa nada de todo esto. Finalmente, al leer el texto de Romanos 13,13 sobre la vida en Cristo, une todas las piezas.
En las cartas de San Pablo descubre el significado de estar comprometido en la vida cristiana. Y los grados de compromiso mayores se muestran en el martirio y en el monacato. También descubre, desde el bien conocido mundo clásico, que en el cristianismo se debe buscar también un
otium , una vida retirada, que intenta llevar a cabo en Casiciaco. Y por último, encuentra cómo a los monjes se les designa
servus Dei, los que se entregan de forma total para el servicio de Dios y renuncian a todo honor, riquezas y a la vida marital, como proponÃa el
Hortensius.
AgustÃn se bautiza el año 387 en Milán, cuyo obispo —y oficiante del bautismo— habÃa iniciado con sus palabras todo este camino de conversión cristiana. De allà marchará hacia Ãfrica, no sin antes despedir a su madre en el puerto de Ostia Tiberina, en el famoso “éxtasis†previo a la muerte de ésta. Sólo el 388 podrá volver a Ãfrica, e iniciar su experiencia más vital, en la finca Casiciaco de Tagaste: una vida común que supera en mucho la primera intención de comunidad filosófica que ofrecÃa Cicerón.
AgustÃn, con los suyos, decide dedicarse a la vida monástica, a la contemplación y la búsqueda de la verdad por la fe y el conocimiento.
AgustÃn, presbÃtero
San AgustÃn, en chino. Fonéticamente es como decir “Profundo Pensamientoâ€.
El año 391, tres después del inicio de su vida monástica, AgustÃn es elegido presbÃtero por el pueblo, según la costumbre de la Iglesia de ese tiempo. Aunque en principio nunca fue intención de AgustÃn el acceder a las órdenes sagradas, sus ideas sobre el servicio a la Iglesia le obligan a aceptar el nombramiento.
El servicio a la Iglesia es servicio a Cristo, y la caridad está por encima de todas las demás cosas. El cristiano mejora no al conocer más, sino al servir más. El criterio de perfección cristiana no es el conocimiento sino el amor, y su amor a la Iglesia es lo que le impide renunciar a lo que el pueblo fiel pide, aunque esto suponga cambios no deseados en su vida.
AgustÃn, obispo
San AgustÃn, obispo. Palomares, México D.F.
Aunque existÃa la prohibición de que hubiese dos obispos en una diócesis, con AgustÃn se da el mismo caso que con otros grandes padres de la Iglesia, como Gregorio Niseno, Gregorio Nacianceno o el mismÃsimo San Ambrosio.
Valerio, un obispo anciano, actúa con mucho practicismo. Para retener a AgustÃn en su diócesis y como sucesor suyo, lo ordena obispo y asà consigue que no sea llevado a otra diócesis. Para ello contó con el beneplácito del obispo de Cartago, Aurelio. Curiosamente, quien no accedió fue el obispo de Numidia, Megalio, primado por ser el más anciano, a quien sustituirá en la diócesis el amigo de AgustÃn, Posidio.
La objeción que ponÃa Megalio, sin embargo, no era que hubiese dos obispos en la diócesis de Hipona, sino que la vida pasada de AgustÃn no le parecÃa propicia para tal nombramiento, especialmente por su tiempo de maniqueo. Se precisaba el visto bueno del primado para la ordenación, y finalmente Megalio se convenció de que AgustÃn habÃa abjurado definitivamente del maniqueÃsmo.
Valerio muere poco después, pues sabemos que todas las actuaciones de AgustÃn como obispo fueron de suma autoridad. AgustÃn puso toda su resistencia posible a la ordenación, pero la aceptó por los mismos motivos que el presbiterado. Fue consciente de las irregularidades de su ordenación, como comenta en la carta 213.
La fecha de esta ordenación episcopal es oscura. Tenemos los sermones que pronuncia en los aniversarios diferentes de su ordenación, pero en ninguno de ellos ofreces datos suficientes para fecharla. Sabemos solamente que fue ordenado entre la fiesta de la Ascensión del año 395 y agosto del 397. De ahà que tampoco sepamos con certeza durante cuánto tiempo hubo dos obispos en Hipona.
AgustÃn es obispo durante los últimos 30 años de su vida. Se convirtió en un adalid de la unidad de la Iglesia y con toda su inteligencia y su caridad buscó la verdad nuevamente, ahora rebatiendo a multitud de grupos y grupúsculos que fueron apareciendo en la Iglesia y que la dividÃan: donatistas, pelagianos, etc.
Vio decaer el imperio en el norte de Ãfrica, pues su vida se agota en el 430, poco antes de la entrada de los vándalos en Hipona, del fin progresivo del imperio romano en el norte de Ãfrica. Murió anciano, pero las invasiones bárbaras le produjeron grandes sufrimientos por el temor —que se convirtió en realidad— de ver la Iglesia católica africana, que tantos frutos habÃa dado, exterminada y abandonada a su suerte en la carnicerÃa provocada por los enemigos del Imperio.
Horosio
Nacido en la ciudad hoy portuguesa de Braga entre el 375 y el 380, conoció a AgustÃn hacia el 414, cuando viaja hasta Hipona deseando estudiar con él y vivir en su comunidad. AgustÃn lo envió a Jerusalén para que estudiase con San Jerónimo y le pidió que escribiese una
Historia Universal que hoy se conserva.