Porque hay entre vosotros algunos tan amantes de la perfección que desean seguir un plan de vida más austero…
determinamos que se señalen o se levanten de nueva planta tres o más monasterios…
[Del acta 5ª del capÃtulo
de Toledo, 1588]
Escudo de la provincia de San Nicolás de Tolentino
El diseño de este escudo data de 1921.
Conoce su significado.
La Recolección americana
Desierto de La Candelaria, Ráquira, Colombia.
La semilla recoleta, llegada a América en el equipaje de los misioneros, germinó en Colombia a la sombra de la Virgen de la Candelaria. A finales del siglo XVIel padre Mateo Delgado (1526-1631) entró en contacto con unos ermitaños que acababan de levantar en un paraje solitario una ermita a la Virgen de la Candelaria y les aconsejó que buscaran el apoyo de los superiores de su orden. Con él les serÃa fácil asegurar su pervivencia, convirtiendo la ermita en convento. Incluso podrÃan implantar en él la observancia recoleta.
El 12 de agosto de 1604 un delegado del provincial tomaba posesión de la ermita, imponÃa el hábito a los tres primeros aspirantes y nombraba superior al padre Mateo. Su sistema de vida quedó codificado en un breve reglamento, construido todo él con materiales provenientes del movimiento recoleto.
Pronto resultaron estrechos los muros de la Candelaria para alojar a cuantos deseaban abrazar el ideal recoleto. En 1606 uno de sus primeros novicios, el padre Alonso de la Cruz, acompañó al provincial en la fundación de un segundo convento en Cartagena. Seis años más tarde surgÃa el tercero en la ciudad de Panamá.
La vida de estos conventos fue muy agitada. Entre 1630 y 1651 cambiaron cinco veces de dueño, pasando de manos calzadas a manos recoletas y viceversa, hasta que los calzados renunciaron a cualquier derecho que todavÃa pudieran conservar sobre ellos. A lo largo de la contienda los recoletos colombianos buscaron siempre el apoyo de los españoles, con quienes se sentÃan identificados. En 1629 se incorporaron a la Recolección española, aunque su afiliación definitiva sólo cuajarÃa al finalizar la contienda.
Alonso de la Cruz, mártir de Urabá, Colombia.
La lucha por la supervivencia no agotó sus energÃas. En 1635 dieron vida a sendas casas en Bogotá y Tunja y poco más tarde llegaron a Cartago (1644) y Honda, puerto fluvial sobre el Magdalena, que era el mejor punto de unión entre sus conventos caribeños y los de la meseta central.
Otras fundaciones de Colombia, Panamá, Ecuador y Venezuela no lograron consolidarse. Más fortuna tuvieron sus esfuerzos por trasplantar la Recolección a Lima y Misque (Bolivia), donde en 1617 y 1623 surgieron sendas Recoletas.
Durante dos siglos los recoletos colombianos vivieron una vida serena, sin altibajos ni relieves notables. De ordinario eran unos cien religiosos, que alternaban el retiro conventual con la actividad apostólica. Participaron en las misiones populares y todos sus conventos tenÃan iglesias muy concurridas.
Entre 1626 y 1638 protagonizaron una hermosa empresa misional entre los indios de Urabá y Darién. La de Urabá terminó en 1632 con la muerte violenta de tres religiosos. Luego trabajaron en el Chocó, en la isla caribeña de Santa Catalina, en la desembocadura del Orinoco y en Casanare, a donde llegaron en 1662.