Misioneros por herencia
San AgustÃn
Como hijo de su época (354-430 d.C.), san AgustÃn no tenÃa un globo terráqueo ni sabÃa de un mundo más allá de las fronteras del Imperio Romano. Aún asÃ, habla de la misión como una de las verdades fundamentales de la fe en la Trinidad. En los siglos IV-V d.C. los cristianos estaban convencidos de que la fe estaba implantada prácticamente en toda la tierra. Por ello no habÃa “misioneros” como los entendemos hoy, personas que fueran más allá de las fronteras para anunciar a Cristo.
La visión que tuvo el santo de las misiones era muy parecida a la que plantea el Vaticano II: las misiones dentro de Dios Padre, Hijo y EspÃritu hacen que la Iglesia sea misionera. Eso concede a toda persona (de cualquier raza o condición) la misma dignidad, los mismos derechos. En uno de sus escritos recuerda que el nombre de Adán (el prototipo y representante de todo ser humano) contiene las cuatro letras que en griego son las iniciales de los cuatro puntos cardinales, por lo que “todas las personas están convocadas en una misma vocación” (comentario al Salmo 95).
En un tiempo en que las doctrinas tendÃan a endurecerse, cuando era casi natural la violencia como modo de defensa de ideas y creencias, AgustÃn toma una postura de apertura y misericordia. Abrió el diálogo con disidentes, viajó, discutió en público y en privado, por carta y en conferencias, buscando soluciones de concordia y de comunión. Y condenó abiertamente a quienes usaban la violencia como defensa de la fe.
Animó a llevar el mensaje del amor de Dios a todas las razas, lenguas, culturas: “Sabemos que la Iglesia ha llegado ya a la ribera occidental y que ha de llegar, fructificando y creciendo, hasta las riberas donde aún no llegó”, dice en su carta 199.
Nunca permitió que sus monjes se encerrasen en el recogimiento y desoyesen la voz de sus vecinos con grandes necesidades religiosas o sociales. Siempre pidió a sus monjes un equilibrio entre recogimiento, contemplación y caridad, acción.
Los monasterios que él o sus seguidores fundaron nunca estuvieron cerrados a la realidad, abrazaron el contacto con el pueblo, el testimonio de vida contra toda injusticia, discriminación y violencia. Pero fue la violencia la que terminó con aquel sueño. Sus monasterios fueron arrasados en la caÃda del Imperio Romano. No asà sus ideas, su programa de vida, sus propuestas, que quedaron para siempre en la Iglesia y despertaron con Ãmpetu unos siglos después.
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San AgustÃn. Mural de Palomares. México D.F.
 
San AgustÃn, obispo. Juan Barba. Convento de los Agustinos Recoletos de Marcilla, Navarra, España.
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San AgustÃn. Gerardo MartÃ. Ciudad de los Niños, Aguacaliente de Cartago, Costa Rica.
 
San AgustÃn. MarÃa Teresa Castaño, MAR. Kaohsiung, Taiwán.
 
San AgustÃn y el ángel, de Bóregan. Colegio San AgustÃn, Valladolid, España.
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San AgustÃn maestro. Iván López. Casa de Formación San AgustÃn, Las Rozas, Madrid, España.
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